2017-07-01 Arganda_Rey

Me encontraba en una agradable colina en el norte de Arganda del Rey, con docenas de personas que disfrutaban de la fresca noche de verano. Por lo visto la zona era el lugar de las ferias de Arganda, aunque no había ninguna en ese momento, así que había una amplia meseta artificial.

Un hombre llamó nuestra atención, se presentó como Javier Márquez, detective privado, y nos pidió ayuda para buscar a una joven, Alicia. La elocuencia de su discurso hizo que la gente se aproximara a observar. No tardó mucho en acercarse un hombre, grande y recio, que comenzó a preguntar el porqué de su búsqueda por la joven.

El detective le trató con desdén e ignoró su presencia mientras continuaba preguntando a la multitud por Alicia. El otro hombre se acercó un poco más a Javier y observé que escondía algo. Javier, distraído, le dijo que no molestara y que se marchase pero lejos de escuchar, se abalanzó sobre él y le reventó una botella en la cabeza.

Javier calló al suelo y el otro hombre lo pateó y lo agarró con fuerza. Le preguntó que porqué estaba interesado en Alicia y quién le enviaba. El detective no tardó en contar que Laura Álvarez era quien había contratado sus servicio. Sin motivo, la mitad de la multitud comenzó a correr, escapando asustados en pleno acto. Mire en todas direcciones; pero lo único reseñable era la pelea que tenía lugar entre el detective y el matón y, no parecía un motivo por el que escapar, estaban a cierta distancia sin prestar atención a los demás.

Un par de hombres surgieron para ayudar, aunque con el ruido del viento y la distancia no supe quienes eran y porqué se unían a la lucha. Los otros dos hombres, Javier y el matón, se marcharon aprovechando la distracción ofrecida por la pelea. Luchaban como auténticos expertos, moviéndose como fieras, buscando la debilidad de su oponente, pero algo a la distancia hizo que interrumpieran su contienda.

Surgiendo en la distancia, atravesando el aparcamiento, una docena de zombis se abalanzó sobre ellos. Los dos hombres, lejos de acobardarse, prendieron fuego a una antorcha improvisada y se lanzaron a luchar por sus vidas. El fuego los mantenía a raya. Lucharon como fieras y parecía que aguantaban a los zombis, hasta que en el fragor de la batalla prendieron fuego a uno de ellos y visión terminó de provocar el pánico. Se extendió rápidamente y las masas se movían como un rio buscando la seguridad del mar.

Aproveché para alejarme yo también, ya que un hombre sólo podía ser superado con facilidad si muchos zombis le rodeaban. Corrí hacia el este pero un muerto viviente surgió de los setos y no me quedó más remedio que cambiar mi ruta de escape. Observé como uno de los muertos circulaba en la acera de enfrente persiguiendo a un nutrido grupo. Sin perderle de vista, avancé esperando encontrar una calle que me sacara de aquella trampa mortal.

Después de doscientos metros, una calle descendía y justo a tiempo, pues el zombi se percató de mi presencia. Le despisté entre los coches y seguí pendiente abajo. Era un camino largo pero había mucha gente y si había peligro adelante lo sabría, sólo tenía que asegurarme de lanzar alguna mirada a mi espalda cada poco para asegurarme de que seguía despejado.

Aún estaba muy cerca del centro de la ciudad, un lugar muy abierto donde algún zombi corredor podía darme caza, así que seguía internándome en la zona de viviendas que era más tranquila. Atravesé un oscuro parque, con una gran fuente, atravesada por un modesto puente. Sentí un escalofrío, como si el destino me susurrara que evitase el lugar. Llamó mi atención un caballero, demasiado arreglado para el lugar, con un sombrero negro y traje a juego. También vi entre los árboles, aunque sólo se distinguían sus siluetas, un muerto en el suelo y otro que se movía.

Seguí mi marcha evitándolos y me interné en una calle que comenzaba a subir, primero con un ligero desnivel, luego con una pendiente salvaje. Lo único bueno era que si un zombi comenzaba a subir, terminaría de morir antes de alcanzarme.La cuesta era larga y llegaba a una zona de chalets llena de callejones solitarios.



Evitando las zonas muy concurridas, llegué a una verde colina de la que parecía llegar mucho bullicio. Pensé evitarlo, pero puede que alguien supiese decirme que demonios estaba pasando en esa ciudad. Una nueva subida que acentué evitando los caminos y subiendo en linea recta. Para mi sorpresa, más que respuestas encontré un salvaje caos. Decenas, cientos de personas, todas en la cumbre, asustados, confundidos. Un zombi vagaba de acá para allá. Decían que una chica sabía que pasaba pero entre la muchedumbre no encontré a nadie, solo gritos y gente corriendo sin ton ni son. Estuve un rato largo, esperando averiguar algo, pero al final, cansado del sinsentido, opté por buscar en otro lado. Una pareja me dijo que había alguien cerca de un parque infantil que podría ayudarme.

Cansado de aquel lugar, opté por probar suerte allí. De nuevo evité los caminos para descender de la colina. El problema fue que por evitar las zonas abiertas me metí por donde no debía y di vueltas durante media hora por el lugar sólo para acabar donde había empezado. Por casualidad me encontré un grupo que me advirtió sobre el lugar al que iba. Al parecer, allí había tres Zetas corredores, así que, conociendo mis limitaciones opté por buscar un nuevo punto de información.

Cerca de mí me dijeron que había un detective, así que supuse que no podía ser otro que Javier. Me acerqué a ver como se encontraba y a preguntar de que iba el asunto de Alicia. Por supuesto, no podía llegarse sin subir otra colina, aunque en este caso, fue acertado, ya que varios zombis guardaban la puerta. Ocultos entre los arbustos, otros aguardaban a que se marcharan, pero resultaron particularmente persistentes. Tras otro largo esperar, se alejaron lo suficiente como para poder entrar.

El detective aguardaba sentado, sangrando. Otro grupo estaba allí y les contaba que buscaba a Alicia por su conexión con una antigua compañera de infancia que había muerto. El hombre parecía afectado por el golpe y rogó nuestra ayuda. Para ello, debíamos ir al colegio Carretas ya que el no se encontraba en disposición de investigar el asunto. Luego, suplicó un sorbo de agua y por suerte, un joven llevaba una cantimplora de la que pudo echar un trago. Sin más dilación, salimos de allí con extrema precaución, aprovechando que los muertos vivientes se habían alejado de la entrada. Descendí por la colina y me interné en dirección al corazón del pueblo.

La calle estaba despejada; llegue a una encrucijada que conocía por haberla visto antes de que todo empezase. Era un callejón estrecho, demasiado iluminado como para esconderme si pasaban cerca, y muy largo. Así que opté por un desvío. Aún así, me encontré con uno de los muertos subiendo por la calle, pero con un desvío más por fin atravesé el centro y llegué a la calle del colegio.

Tenía que desandar parte del camino por desviarme tanto pero transcurrió sin problemas. Llegamos, pero fue como moder una manzana para encontrar un gusano muerto dentro. Decenas de zombis infestaban el colegio y justo a mi llegada, pude ver como atrapaban a un superviviente y le destrozaban vivo.

Vi una joven oculta cerca de la valla; esperé a que el grupo se dispersara y me acerqué a ella preguntando por Alicia y si podía ayudarme a hallarla, sólo para sorprenderme presentándose como la propia Alicia. Me contó que su madre Laura había contratado al detective para matarla y que otros podían estar buscándola y que era peligroso.

No entendía nada, toda aquella situación parecía volverse más complicada por momentos. Como iba a querer una madre matar a su hija. Ella lo reiteró, según me dijo, tenía en su poder un vídeo que iba a acabar con los turbios negocios de su madre. Por desgracia, el vídeo lo llevaba su novio, que había caído al salir de la escuela víctima de la horda que atestaba el lugar. El vídeo debía estar cerca suyo.

Me asomé y no vi nada, sólo una decena de ellos paseando por el lugar en busca de algo a lo que hincar el diente.

Por suerte, no era el único que buscaba la cinta. Un grupo, más numeroso, también estaba interesado. Acordamos dividirnos para distraer su atención entre todos. El plan funcionó y una valiente joven fue el que alcanzó la caja de la cinta y todos nos replegamos. Pero fue en vano, pues estaba vacía.

Alicia nos dijo que el cámara con el que habían rodado la cinta podía tener una copia. Debíamos buscar en el parque de la música. Dando mis condolencias, me dirigí al parque en busca del misterioso cámara.

Lo busqué en el mapa y descubrí que se trataba del siniestro parque por el que pasé al principio, como una premonición de mi destino. Aún así, ignoré mis instintos y fui allí.

El lugar parecía tranquilo. Nadie entraba ni salía de él. Me interné y encontré una fuente más pequeña en la que gente se agrupaba. También un Zeta vagaba por el lugar.
Rodeé todo lo posible al zeta hasta el hombre trajeado que seguía allí. Sin rodeos le pregunté si el cámara era el cadáver que parecía rondar el zombi. Me lo confirmó y me dijo que podíamos llegar a alguna clase de acuerdo. Él necesitaba unas llaves del cuerpo y podría darme alguna pista al respecto si completaba la tarea. Sin más opciones, me acerqué entre las sombras, esperando el momento adecuado para actuar.

Los minutos pasaban, pero el muerto no se alejaba. El hombre del traje no debía tener mucha fe en nadie porque encomendó la tarea a otro grupo más que se acercó a preguntar. Varios se sumaron a mi espera, todos buscando el momento en el que el zeta se alejase.

Y llegó, salió como una bala tras un hombre y pude ver que se perdía por el final del parque así que supuse que tendría unos momentos, ya que un zombi no tendría motivos para volver a un punto corriendo. Sigilosos nos acercamos a registrar el cuerpo pero vi que el hombre a mi lado salía disparado y alcé la vista. El zeta volvía corriendo como si el mismísimo infierno le pisara los pies, directo hacia mi.

Levantándome de un salto, comencé a correr en dirección a la oscuridad esperando perderle, pero seguía detrás de mí. Corrí con los músculos ardiendo y quebrándose, entre árboles, saltando entre las vallas, pero era imposible. El zombi tenia el cuerpo, los reflejos y la coordinación de un atleta, nadie habría dicho que estaba muerto. Me atrapó tras a penas 70 metros, a pesar de esforzar mis músculos al límite. Luego, oscuridad.



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