02/09/2017 - Magán (Toledo)

 Comunicado urgente a todos los puestos:

Actividad sospechosa detectada en Magán. Algunos de sus habitantes están teniendo comportamientos extraños. Hemos recibido informes de la desaparición de una de las vecinas del pueblo y se ha perdido el contacto con K-I, nuestro informador en la zona. Posible presencia de colaboradores de WRG en la zona confirmada.

Todos los colaboradores disponibles preséntese allí el 2/9. Localizar y desmantelar cualquier actividad de WRG será nuestro objetivo.

¡Resistencia!









Llevaba días sin comer carne humana. En otras ocasiones ya me había pasado. Mi cerebro se despejaba de la bruma corrupta del virus y era capaz de recordar y pensar de forma vaga, aunque seguía sin control sobre mi cuerpo.

Había errando por una tierra de extensos campos de cultivo secos. Nada salvo algunos hermanos no muertos que babeaban por echarse algo a la boca.

Unos ruidos nos atrajeron en el silencio de la noche. También había muchas luces y llegaba el olor a humanos que auguraba un banquete. Yo, al igual que muchos otros de los míos, comencé a caminar lento pero sin descanso.

Divisé un campanario mientras me acercaba al lugar del que parecía provenir el mayor alboroto. Al entrar en el pueblo ya eramos una horda. A nosotros se nos sumó uno que olía raro, ni vivo ni muerto. En cualquier caso, no me daban ganas de morderlo.

Llegamos a la plaza y vimos al acercarnos que en la plaza había algunos humanos con su habitual verborrea. No les hicimos caso y nos lanzamos al festín. La mayoría escapó nada más vernos entrar en la plaza.

Los gritos se escuchaban acá y allá. No eramos los únicos atraídos por el gentío. Otras criaturas se habían internado en el pueblo. Comenzamos a vagar siguiendo cualquier cosa que llamase nuestra atención. Los supervivientes huían nada más vernos, ninguno se atrevía siquiera a probar suerte pasando entre nosotros. Nos evitaban como si fuéramos enviados de La Parca.

Rondamos durante algunas horas hasta que parte de nuestra horda se dividió y se quedaron en un parque jugando en los columpios. Aunque en general el intelecto zombi no es muy allá, uno consiguió acertar con el culo en el columpio y parecía pasarlo bien balanceándose. Otros se enredaban en las cuerdas y alguno calló de morros a un montón de arena.

El extraño zombi que olía raro y yo seguimos caminando por nuestra cuenta hasta toparnos con otro grupo de no-muertos perdidos que comenzó a seguirnos. No sabría decir de donde demonios salía semejante grupo. Había un payaso de pesadilla, una ensangrentada novia que parecía haber muerto ante el altar, varios pacientes y doctoras, aunque algunas de ellas no sabría decir que demonios curaban. Una arrastraba una muñeca con cadenas que parecía hecha más que para consolar a un niño, para amenazarle si no se dormía y luego en la otra mano, la pesadilla de cualquier superviviente que tuviese la desgracia de caer y quedar expuesto de espaldas a ella. Algo que ni me atrevo a nombrar.

Vagamos otro rato hasta que, una vez más, dejamos a los muertos en otro parque. Al parecer sienten cierto favoritismo por esos lugares, quizás vagos recuerdos de la infancia... o puede que sólo sean zombis con el cerebro algo reseco y la cosa no de para más. En cualquier caso, se quedaron allí contentos, jugando con la comida. Algún humano se adentraba por allí de vez en cuando y era despedazado.

Había una zombi con trenzas que me daba mala espina así que mi compañero y yo volvimos a pasear en solitario. Esta vez, él se puso a parlotear con los humanos en lugar de comerlos. No me interesaba lo que dijeran, sólo tenía un hambre atroz y quería saciarme. En una calle oscura, una familia trató de evitarme y el joven tropezó. Si hubiera tenido alma me habría sobrecogido su valor, pues en lugar de pedir ayuda suplicaba a su padre que se alejara y que le dejara para ser comido. Pensaba cumplir sus deseos, pero una multitud se lanzó a gritar a mi espalda y perdí la concentración. Cuando volví a darme cuenta de la situación, el joven se había marchado. Rastreamos su pista pero una vez más, supervivientes que se ponían a charlar con mi compañero nos hicieron olvidar el asunto. Él se empeñaba en hablar con ellos aunque tenía momentos de lucidez en los que intentaba comerlos. Aun así, ninguno se fiaba lo suficiente como para acercarse mucho.

Muchos supervivientes se negaban a darme el placer de comerlos, se escapaban ante mis ojos. Frustrados, seguimos persiguiéndoles hasta volver al parque de los columpios. Allí, por fin, vi un trozo de carne, pero estaba muy babeado por los demás y me daba cosita. Lo mastiqué un poco y lo escupí. Yo quería mi propia comida. Dimos vueltas por el parque persiguiendo a varios supervivientes más. En la estrecha entrada, esperaban para entrar pero la puerta de hierro no me dejaba pasar.

Uno de ellos cometió el error de abrirla y salimos en horda tras ellos. El zombi extraño, una vez más, se puso a gruñir algo con los humanos. Permitió que pasaran llamando a los no-muertos a su alrededor con sus gritos y como ya dije, son sencillos de mente, así que el ruido los acercó. Pero la distracción fue breve, en cuanto le olisqueaban veían que no era comida. Los humanos no parecían querer acercarse a él tampoco y el gruñó algo que entendí, olía a amenaza. Cuando pasaron al parque, la horda fue tras ellos. Yo iba rezagado pero pude escuchar sus gritos agónicos. Volvíamos al interior del pueblo cuando un tipo calvo y con barba nos sorteó. A pesar del fresco iba sin camisa, como invitando al bufé libre. La horda se puso a perseguirle pero resultó ser una distracción para sus compañeros, que pasaron corriendo por detrás nuestro.

Se perdieron en la lejanía y volvimos a caminar erráticos en buscar de carne. Nuestro peregrinaje nos separó. Tomé una ruta en solitario siguiendo un extraño olor que me llevó de vuelta al parque de la zombi trenzada que daba mal pálpito. Tenía dos accesos, uno con una valla plateada grande, como para que pase un coche, y otra para personas. Sólo la de personas estaba abierta y ante el parque, una multitud de veinte o más supervivientes. Estaba sólo y en lo más alejado de la calle. Comencé a caminar lento hacia ellos. Supuse que me verían, pero me equivoqué. Cuando estaba a pocos metros, lancé un bramido que hizo retumbar la noche y saltar a sus corazones. Se dispersaron como olas ante un monolito. Traté de cazar a varios, incluso algún inconsciente impertinente se atrevía a gritar “¡Se que me lo quieres comer todo!” pero chillidos desde el parque distrajeron mi limitado intelecto zombi y fui allí ignorando a la impertinente víctima. Justo al entrar, un superviviente, acosado por muchos no-muertos se metió tremenda hostia contra la puerta de metal y aprovechamos para devorar sus restos.

De allí salimos persiguiendo a los supervivientes que huían en desbandada y nos juntamos con mi compañero poco después. Todos fuimos atraídos de nuevo al interior del pueblo. El flujo de vivos que se desplazaba hacia allá era como una invitación a la masacre. En el centro del pueblo, los encuentros con multitud de vivos nos mantuvo correteando ante el ayuntamiento. La mayoría se mantenían a distancia pero algunos se atrevían a cruzar e incluso a llamarme. Con gusto habría ido a deleitarme degustando sus carnes pero eran tantos que no sabía ni por donde empezar y tan pronto iba a por uno, otro llamaba mi atención.

Los humanos se fueron juntando todos en un mismo lugar. Decenas de muertos se vieron atraídos ante un edificio oculto en un callejón sin salida, una especie de teatro, y nos acercamos saboreando el final. Uno de los extraños zombis que olían distinto nos abrió las puertas y entramos inundando el lugar. Por fin pude cazar una presa para mi solo en el salón de actos. Un final perfecto para una noche perfecta, pensé mientras me llenaba la boca con su páncreas.





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