07/10/2017 - Parla - Las ciudades...

(Este es un relato ficticio que, aunque basado en la noche que viví, no es del todo fidedigno y contiene opiniones personales en nada relacionadas con la empresa)








Desde el año anterior, Parla se ha convertido en una zona de guerra.

Ha habido numerosas bajas y han caído muchas vidas hasta que la Corporación WRG se ha hecho con el control de Parla, sometiendo a sus habitantes a un régimen militarista.

Pero hay rumores de que la Resistencia también anda por la zona, fraguando lentamente una rebelión.

Hay algo en Parla que necesitan, algo por lo que van a luchar con uñas y dientes. Y van a necesitar toda la ayuda posible.


La WRG no nos había dejado elección. Había traído supervivientes de distintos puntos de España para trabajar en su nueva sede de opresión. Bajo distintas amenazas, nos reunieron en el parque de Parla Este y nos dejaron claro que eramos carne de cañón... como mucho. Pero interrumpiendo su motivador discurso, un jeep y una ambulancia, que usaban tanto para los heridos como para el transporte de tropas, irrumpieron en el lugar descargando un comando de la resistencia .

Rodearon a los soldados de la WRG, que para su desgracia sólo iban armados con bates y los ejecutaron sin contemplaciones. Uno de ellos duró un poco más, malherido pero en pie; no tardaron en llevárselo y meterle un hachazo en toa la cabeza.

Un tipo con aspecto de concejal, a falta de una mejor descripción, soltó un diálogo motivador. El típico que en esencia dice que “el poder es del pueblo, el pueblo es la leche, pero que el pueblo va ha hacer lo que él dice”. Como era evidente, la gente se emocionó y todos salieron en masa. Había miles de personas, todas deseando sus propios fines pero ahora con los mismos objetivos.

Nos facilitaron algo de información para ayudar a la Resistencia. Habían dejado en otro parque cercano un mapa con varios puntos conflictivos. Al llegar, vimos escenas dignas del Apocalipsis. Los cuatro jinetes reinaban en el lugar y cuando nos acercamos, vimos gente tropezando y pisándose unos a otros por tratar de escapar. Uno de los zombis llevaba cadenas que tintineaban con cada paso que daba, eso junto a un mono naranja sugería que era un preso fugado hacía mucho de alguna cárcel. Otro iba con mono azul y vi a la distancia a más de ellos desatando el caos entre la multitud.

No supe bien en que momento lo hicieron, pero un corazón valiente de mi grupo se atrevió a acercarse y mirar las localizaciones del mapa. Era un hombre de familia pero mucho más ágil que cualquiera y el doble de valiente. Seguimos las indicaciones que había visto y nos alejamos de aquella vorágine de gritos sin mirar atrás.

La ciudad bullía de actividad. Unos intentaban huir, otros ayudar y otros saqueaban el lugar en busca de alcohol. Bajo esa estrella llegamos al primer punto marcado. No eramos los únicos. Una multitud aguardaba ante una puerta corredera de metal. Entramos junto a varios grupos y allí un joven alto y melenudo nos informó de que necesitaba ayuda para obtener unos códigos que había en las gradas más adelante y que los custodiaban los muertos. Destacaba una cocinera que babeaba a pocos metros ante la perspectiva de un banquete. El lugar era un hervidero de actividad tal, que el zombi no sabía ni a quien comerse, corría de un lado a otro atraída por el ruido. Había tanta gente que no pude ni llegar a las gradas; con el follón que montaban se volvía loca y no quería arriesgarme a ser mordido por la gracia de alguno. Mi grupo salió al poco con los códigos y les seguí. Debíamos enseñárselo al joven pero no había manera, el zombi nos siguió y allí comenzó la autentica locura. Fuera, decenas de personas corriendo y escapando de zombis errantes mientras que trataban de entrar y, atrapados en el interior, el zombi nos tenía acorralados y corríamos de un lado a otro esquivándole. El joven trataba de hablar con algunos pero las masas le golpeaban y le empujaban a él y a cuantos le rodeaban en un absoluto embrollo de golpes, choques y gritos.

Uno de los supervivientes que aguardaba fuera, ignorando las advertencias del joven, abrió la puerta, permitiendo que oleadas de muertos penetraran y persiguieran a los vivos por todo el lugar. El joven, aprovechando la distracción o quizás cansado de la estupidez humana, nos indicó que debíamos ir al norte y no tuvo tiempo para mayor explicación cuando varios zombis se abalanzaron sobre él y se dispuso a pelear por su vida. Teníamos nuestros propios problemas y no pudimos ayudarle. Una mujer de nuestro grupo se había torcido el tobillo y entre varios la llevaban tratando de salir de allí. La sangre fluía a chorros y los supervivientes se pisaban entre ellos como animales, favoreciendo el festín para los muertos.

Nos arrastramos como pudimos, luchando a brazo partido contra los muertos sin sufrir más bajas pero mermando nuestras fuerzas. Fuimos por la avenida principal, topando con otro zombi al que hubo que despistar. En el proceso, me dio un tirón salvaje en el muslo que apenas me dejaba correr, así que iba ojo avizor, sabiendo que si daba un mal paso o si me topaba de cerca con un no-muerto, no podría escapar.

Fuimos a otro de los puntos que habíamos visto en el mapa y hablamos con una mujer que acababa de perder a su hermana. Por desgracia, como era frecuente, dicha hermana seguía dando vueltas por el lugar, atrapada en un parque infantil y allí había unas listas que debía consultar, pero le faltaban las fuerzas para acercarse. Le hicimos el favor de consultar la lista por ella mientras unos cuantos distraían al muerto y luego seguimos nuestro camino.

Después de eso, andamos y andamos durante horas sin encontrar nada hasta que, al final, nos separamos. Un grupo fue devorado por una horda, una chica de melena leónica, que no paraba de decir que yo estaba roto sólo por estar tirado en el suelo y con dificultades para respirar, le echó dos cojones y se fue sola y el resto, caímos fulminados al suelo sin motivo aparente, aunque un par de los que había tenían motivaciones suicidas y puede que echaran algo a las bebidas.

(una hora después...)

Desperté con ánimo renovado y ganas de carne humana. Al caer muerto me había dado en tol cielo la boca con el bordillo de una esquina, quedando una espeluznante marca en forma de v en mi cara. Pero no dolía, cuando eres zombi, no hay dolor. El zombi con mono azul, el que había visto al principio, mordisqueaba mi chepa.

-Arrrrrrgjt ake etok otiak -le dije.

-Ñekr, eonajoer tieneka kajambre -respondió.

Nota del editor: Se pide disculpas al lector por no haber facilitado una correcta traducción. A partir de ahora, todos los zombis serán traducidos del zombilense.

-Tuuuuuuuuuuso, tate kieto chico -le dije.

-Que passsssssssssssa tronco, como te pones por un mordisco compadre -respondió.

Nota de la dirección: Pedimos de nuevo disculpas. Se han despedido a los traductores y al editor. A partir de ahora lo hará todo un becario cobrando el sueldo mínimo.

-Hey, ¿qué haces? -le dije.

-Ah, perdona, tenía hambre y pensaba que estabas vivo -respondió.

-Pues ya ves que no. ¿Qué hacemos?

-Vamos a dar una vuelta, a ver si pillamos alguno.

Nos fuimos por las calles, caminando a nuestro ritmo zombi. Una plaza de toros llamó nuestra atención. Había luz y gente pasando. Estuvimos un rato por allí, tratando de agarrar a alguien al que hincar el diente, pero el lugar era muy ancho y pasaban con facilidad entre nosotros.

Al final, cuando todos se marcharon, nos largamos y nos juntamos con una zombi en los huesos y que llevaba un collar de púas. Dimos vueltas y vueltas. Había supervivientes pero corrían como conejos nada más vernos.

Llegamos a un jardín botánico, allí, un nutrido grupo de zombis guardaba la compostura ante la puerta. Una en especial era la más horrorosa visión, una zombi con una herida en forma de equis en el rostro, que arrastraba cadenas, una botella de temible acabado y dotada de un atributo que no le pertenecía. Sólo podía rezar por el pobre al que le hubiera arrancado aquello. También la acompañaba un nutrido y variopinto grupo de lo más aterrador, novias, pizzeros... hasta un payaso que parecía provenir de la más oscura pesadilla.

Comenzaron a seguirnos y conformamos un grupo para seguir a los supervivientes hasta el parque en el que había comenzado todo. Pero quedaba muy lejos y para cuando llegamos, otros muchos hermanos zombis habían acabado el trabajo de limpiar de carne hasta los huesos a los vivos. Nos tocaría esperar unos días para volver a comer rica carne fresca.




Comentarios