2017-10-28 - Ciudad Real - Pastis








Unos amigos venían de visita a Madrid. El motivo, Halloween. Aprovechamos para ir al parque de atracciones. Debo decir que, si alguna vez voy al infierno, no debe andar lejos. Colas infinitas, hasta para un maldito refresco, toda atracción tiene horas de espera, por no mencionar que si no cabes encima has esperado en balde. Mi sueño hecho realidad y con sueño digo pesadilla.

Después de todo un día en el que lo único bueno fue la compañía, pusimos rumbo a Ciudad Real para visitar a una amiga que cumplía años. Era una buena paliza pero por los amigos, merece la pena.

Llegamos tras berrear como enajenados canciones del grupo Mägo de Oz. Una vez allí, nos mezclamos con los cumpleañeros. La fiesta se nos fue de las manos y empezaron a sacar unas pastillas rojas y verdes que al final no sé ni quien tomó qué.

Recuerdo que estábamos ante un monumento, una puerta de piedra, y que se produjo un tiroteo. Unos policías nos pidieron ayuda diciendo que había drogas y no se qué historias, así que nos pusimos en camino a ver si pillábamos algunas pastis.

Una horda de "sintechos" pasó a nuestro lado, pero nos ocultamos tras unos coches y siguieron sin acercarse a pedir limosna. Sin embargo, poco después, mientras buscábamos algo bueno para alegrarnos la noche, un tipo con pelo y barba trenzadas comenzó a perseguirme con saña... para mi que se le había ido la "pinza". Me alcanzó después de acorralarme con su acompañante y comenzó a morderme. Por suerte para mi, sólo mordió grasa; pilló algo de tripa y me babeó un poco, pero para mi que lo más que consiguió fue que se le taponaran las venas.

Algunos del grupo comenzamos a sentirnos mal y nos dirigimos a una especie de gimnasio o colegio. Allí, una simpática joven nos atendió, una joven que, aunque se daba aires de princesa Disney, en el fondo era buena gente, y hasta nos ofreció helado. Nos mandó a una sala donde había cuatro personajes que no tramaban nada bueno, pero claro, en nuestro estado alucinado no supimos verlo. Una no paraba de reírse, lo cual no auguraba nada bueno, algo tramaba y otro por contrapartida estaba muy callado. Otra nos compró con una rica tarta, para que no pensásemos en huir y por último, un tipo calvo que tenía pinta de pervertido o algo chungo.

No se que nos hicieron, sólo sé que salimos de allí siguiendo a un zombi Alfa, una mujer con las piernas en carne viva bajo un desgarrado pantalón y un collar de púas. Paseamos por la ciudad dando vueltas, con un mareo que no te lames. La gente nos evitaba, seguro que por pensar que eramos de Hacienda, porque no había nada raro en un grupo de gente paseando, escupiendo sangre y gimiendo de agonía.

Llegamos a un parquecito donde hacía una rasca cojonuda. Había una casita con gente viva y nos pusimos a babear en la entrada esperando que salieran a darnos unas tostadas o algo, pero no tuvieron el detalle. Me di una vuelta, primero, me tiré a un montón de arena, pero estaba fría de pelotas y me fui al poco. El lugar se fue llenando de trastornados como yo, deseosos de hincar el diente a un cacho carne. Con tanta gente, no había forma de dar un mordisco a nada, así que me alejé un poco y me puse bajo un pino donde estaba bastante calentito y tranquilo.

¿Y qué crees que pasó entonces? Que unas desalmadas se acercan a darme con un palo a ver si estaba vivo. Una flacucha que parecía disfrutar metiéndome el palo en todo el ojo y otra con un pelo tan colorido que parecía el vómito de un unicornio... en el buen sentido... o algo así. El caso es que me hicieron perder la postura y ya no pude descansar. 



Después, llegó otro Alfa, un zombi que parecía tener ganas de sangre. Nos dimos una vuelta por el lugar y luego, junto con dos simpáticas jóvenes pútridas y algo rotas nos fuimos camino a otro gimnasio de la zona a ver si vendían churros o algo. Allí, una jovencita me “echó el ojo”, pero en un sentido muy literal. Con más repelús que gusto, la saludé, pero una morena bastante chunga nos sacó a patadas del lugar. Desganados, nos volvimos a dar un paseo hasta el gimnasio del principio, aunque de camino varios coches se paraban en medio de la calle para darnos la brasa, demasiada gente aburrida.

Allí, no se si por los sudores de la noche o el frío, me despejé y volví a sentirme vivo. Se me acercó una "sintecho" a pedirme dinero de nuevo, una con una cadena al cuello y algo masoquista porque le gustaba ostiarse contra el suelo de forma gratuita. Descansamos allí y pasó otro "sintecho" más, flacucho, que también estaba reventado de la vida. Nos despedimos un poco de tanto matado y nos pusimos rumbo al coche para descansar un rato de tanto virus y pastis y de todo.

No nos dio para mucho, ya que volvieron a armar jarana al poco tiempo en el monumento cercano. Al parecer, la morena chunga era un camello... o camella... que pasaba drogas.... o que era su contable... o lo que sea. El tema es que, como suele pasar, no le habían dado cesta de navidad y estaba tan ofendida que le soltó un tiro a su jefe. Un ejemplo para todos, sin duda. Mientras estaba distraída con los policías que acudieron por los disparos, una horda de "sintechos" la agarró por detrás y le sacó los cuartos.

Como estaba cansado de tantos andrajosos, me volví con los amigos al coche y de allí a la gran ciudad, donde los "sintecho" eran convertidos en caldo de pollo.




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