2017/11/03-04 - El Casar/Calatayud - O.T.D.Z.


O.T.D.Z




(Traducido de gruñidos zombis)


-Griseldo, ponme una de sesos que llevo varias sangrías, coño -dijo Wenceslao.


-Como decía, siempre cuentan que cuando eres zombi, todo es glamour, inmortalidad, ausencia de dolor y de necesidad de dormir. Lo que no contaban son los maltratos y vejaciones a los que te someten -siguió Wenceslao.


-Siempre se habla de los derechos de los vivos pero cuando mueres ya nadie habla de eso. -dijo Teodorico.


-Amén a eso hermano. El otro día estaba en un pueblito, creo que ponía El Casar.... Y no va una tía pequeñaja y de pelo anaranjado y se pone a repartirnos hostias, así, de gratis. Porque era gratuito, que llevaban esas varillas apestosas que no te acercas ni harto de vino -explico Wenceslao.


-(Versión original) Gaaaaaarrrh uuoooooooouuuuuu grogggggh -gritan a coro los presentes.


-(Traducido) Cierto, cierto. Muerte a las varillas, muerte a las varillas -gritan en coro los presentes.


-Pero como decía, ni la amenazábamos y tú estabas por ahí pasando y espadazo en tol hocico o en tol pecho que te dejaba doblado -prosiguió Wenceslao animado por el fervor de la muchedumbre.


-Sí, sí, abusona. A mi me perseguía por la plaza. Y si me alejaba venía corriendo para maltratarme. Menos mal que su compañera era un Sol a su lado y sólo te empujaba con la punta de su espada -dijo uno muy delgadito de camisa azul y corbata.


-Y luego vino el tipo ese, el rarito -recordó Wenceslao.
-¿El que iba todo de cuero como si le molara el rollo duro? -preguntó un zombi que se había tragado una alarma y cada dos por tres se ponía a sonar.


-Ese, ese -confirmó Wenceslao moviendo la cabeza para confirmarlo.


-Y que tenía un plumón en la cabeza -recordó un zombi con un tajo qque casi le partía la cara de forma literal.
-Ja, ja, ja, si que tenía pluma si ja, ja, ja -dijo una zombi con cara de cabrona y una sudadera tan llena de sangre que daba todo el puto asco.


-Jos de puta.... -dijo una voz en el rincón.


-Vamos, vamos, Sebastián... no te enfades, si sabes que va desde el cariño -dijo Wenceslao sonriendo.


-Ya, ya .... Cabrones -dijo el susodicho Sebastián.


-Ja, ja, ja. Bueno, y lo que decía, le empezó a fustigar con la espada, y el pobre dando saltos como diciendo "¡quita bicho quita!" -prosiguió Wenceslao.
-Es que pinchaba, coño -se quejó Sebastián.


Todos rieron, incluso Sebastián no pudo contener la sonrisa.


-Y luego tuvieron la brillante idea de torturarnos. Nos ponían a vivos delante, pero no nos dejaban morder. Yo estaba salivando de hambre y cuando pensaba que por fin me dejaba comerlo.... Otra hostia y al suelo. Y el vivo a correr lejos mientras -se quejó Wenceslao.
-Y se ponía a perrear sobre mi cuerpo -dijo Bob con lágrimas en los ojos.


-Tranquilo Bob, todos hemos pasado por eso. Te acompañamos en el sentimiento -dijo con pesar Wenceslao.


-Y luego, ella y su amiga nos empezaron a agarrar y a tirarnos dentro de casas. Al menos había comida pero no tenían cuidado, podía habernos pedido elegantemente que la acompañaremos, una simple tarjeta de invitación habría servido, se han perdido las buenas maneras -dijo un muerto mientras se le caía un ojo en la copa instantes antes de darle un sorbo.


-Aunque hay que reconocer que nos pusimos las botas. Me acuerdo del tipo que tenía pinta de macarra y cara de sobrado, pensaba que no lo íbamos a pillar y luego no era gran cosa, que cara puso cuando nos lo comíamos -se quejó Wenceslao.


-Si, si -dicen varios.


-Aunque estaba rancio -dijo el de la camisa azul.


-Si, si -dicen varios a coro.


-Y luego ese día la que nos calló, todo empapado, que olía a muerto -dijo un zombi muy alto.


-Si estás muerto, atontado -dijo el de la camisa azul.


-Ya bueno, pero que olíamos aún más, digo.
-Si, si, a mí me entró agua en el cerebro -dijo uno con el cerebro al aire.


-Yo atravesé la plaza nadando -dijo Wenceslao.


-Ya está él exagerado -dijo Griseldo, mientras servía unos pinchos de sesos y rellenaba la jarra con mas sangre humana.


-Todos lo hacemos, no seas puñetero -respondió Wenceslao.


-Al menos la gente tenía un par, el otro día en Calatayud no veas, estaba mi colega Sirenio en una plaza interior con columnas y el pobre, que le estalló un petardo en la oreja, está sin un ojo, medio ciego del otro y bastante sordo, y la gente pasaba y se ponía a montar tremendos pollos en la puerta para llamar su atención en lugar de acercarse. Y yo que quería abrazar el suelo un rato no podía con sus gritos. Eso si, en cuanto salía a pedirles silencio corrían en tromba por la puerta. Ya se sabe, estos sibaritas que te ven un poco afectado y ya huyen de ti -dijo Wenceslao.


-Sí, sí, no se puede descansar, siempre vienen lo sacos de carne a dar el coñazo -dijo otro con un ojo colgando, que eran tantos que ya parecían un club.


-Y como no, un motivado de la espada que se creía la resurrección de Kenshin. Según nos veía nos soltaba tremenda ostia. Este daba menos, pero daba más fuerte -dijo Wenceslao frotándose el brazo con herida sangrante y pustulosa.


-No falta nunca uno -respondió el de la camisa azulada.


-Lo gracioso fue una pava, bajita y remolona que se parece a la mencionada antes; debe ser cosa de la moda de los vivos. Pero esa estaba jodida, solo tenía un palo cutre y huía valientemente de nosotros con un andar bastante gracioso -dijo un fornido zombi calvo.


-Chsss, ten cuidado, no sea que se entere la otra y vuelve a hostiarnos -dijo Wenceslao, acordándose de la paliza recibida.


-Ah y, eso también me recuerda que encontramos una que parecía modosita. Al principio bien, pero cuando acababa la noche vino a por mí y se puso a pegarme con saña, ira y con una espada toledana mientras gritaba "cae, Villano, cae". Encima asumiendo que soy un villano cuando uno es un honrado zombi y lo único que quiere es comerla, sobretodo su jugoso cerebro ggghhhhh -dice Wenceslao babeando.


-Yo propongo, que nos juntemos y formemos la O.T.D.Z. o para entendernos, la Organización por el Trato Digno a los Zombis -dijo un zombi con rastas.


-¡O.T.D.Z.!, ¡O.T.D.Z.! -corearon todos.

-¡Vayamos todos al ayuntamiento! -dijo Wenceslao motivado por sus compañeros.



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