2018-03-10 - La Caza del Predator


La Caza del Predator






INFORME Nº: 00668/29
ASUNTO: Informe de los hechos acontecidos en Valdetorres de Jarama en la noche del 10 de Marzo de 2018.






Llegué al pueblo pensando que era un trabajo rutinario de investigación. Al escuchar de nuevo las cintas me he percatado que los seres de otros mundos estaban observándome desde el principio.

Pero vayamos por partes. Me topé con dos ciudadanos, una pareja, que parecían un poco pirados. En especial el hombre, que no paraba de escuchar voces y llevaba papel de plata en la cabeza. Si podía parecer más loco no sé muy bien cómo. Ellos habían venido por una oferta laboral de Weyland. Si había posibilidades de ser contratado por esa empresa, merecía la pena indagar más. Cualquier cosa por dejar la vida que llevaba, suficiente de hacer de detective. Me contaron que la selección consistía, principalmente, en realizar varias pruebas por el pueblo para comprobar las aptitudes de los postulados para ser contratados.





Mientras me contaban sus historias, llegamos a la piscina. Allí, una muchachita muy elegante aguardaba en la puerta. Parecía evidente que era la persona de Weyland que buscábamos.



Salimos de la piscina y subimos por una rampa y entonces vimos una extraña figura en la distancia. Muy grande para ser una persona normal.





Por suerte, aquel demente o criatura o lo que fuese se aburrió de nosotros. No le debían gustar las presas que no presentaban batalla. Nos dirigimos con cautela fuera del campo y nos dispusimos a buscar a lo que esperábamos que fuera un loco más normal.



Nos topamos con otros dos de aquellos hombres, si es que lo eran, armados iguales que el anterior y, una vez más, tuvimos que escapar a toda prisa. Los perdimos y traté de llamar a la policía. Aquello ya no era normal. No había comunicaciones. Entramos en un gran edificio iluminado esperando que tuviesen teléfono fijo y que pudieran ayudarnos



Salimos de allí preocupados. Aquella interrupción de las comunicaciones no era normal y no auguraba nada bueno. Encontramos al supuesto loco no muy lejos, cerca de un riachuelo.





Los extraños sonidos y gritos esporádicos nos acompañaban toda la noche. Vimos a un hombre trajeado en un frontón. Resultaba muy llamativo. Nos acercamos, preguntándonos si se trataba de otro miembro de Weyland.





Nos indicó que sus ayudantes le habían informado de que era hora de reunir a los aspirantes y anunciar unas cuantas cosas. Le seguimos por el pueblo sin ser molestados y, cuando todos estuvieron ante el polideportivo, nos habló:



Salimos corriendo de allí. Era una absoluta locura. Era evidente que eran una raza alienígena. Ahora que había podido verlos de cerca no me quedaban dudas y lo peor es que luchaban contra otra raza de aliens y nosotros estábamos en el medio de todo aquello. Habían matado a Lucas Weyland y los guardias habían comenzado a disparar mientras las dos razas alienígenas se destrozaban mutuamente y a todo el que se cruzase.

Mientras corríamos comenzó a llover y con el fragor de la batalla habían provocado tal incendio que se veía a la distancia y no había lluvia que lo pudiera apagar. Encontramos a un científico de Weyland, de pelo azul y mirada sabia, guiando a un grupo de personas. Se le iba un poco la pinza pero parecía buena gente. Nos escondimos con él en el recinto de la piscina esperando que se hiciera el silencio.





Dejaron de escucharse los gritos, rugidos y el estrépito de la batalla, pero sabíamos que no estábamos solos. Temiendo que el ataque fuera inminente, el científico nos explicó que había estado investigando a las criaturas en un intento de entender su tecnología y cómo poder engañarlos para camuflarse pero le habían robado sus medidores de campos magnéticos y un sin fin de instrumentos que no puedo recordar. Necesitaba que fuéramos a buscar a su superior, que estaba tratando de esconderse en un parque cercado con la esperanza de que las criaturas no lo cazasen allí.

Su pequeña fortaleza dejaba que desear. Eran poco más que alambradas. Si un humano podía sobrepasarlas, las todopoderosas criaturas la aplastarían sin piedad. Nos explicó que no tenían recursos ni forma de contactar para pedir refuerzos o material. La mayoría de soldados habían muerto. Su única esperanza, “nuestra única esperanza”, si atendemos a su dramatización, era unirse a la gente del pueblo. Nos dijo que había una dulce abuelita en la parada del autobús de la que sabía que era un enlace con los rebeldes locales. Cuando pensábamos salir, uno de los aliens, de la raza de xenomorfos, penetró en el parque. Se lanzó contra el empleado de Weyland y, lamentando su sacrificio, lo usamos para escapar de allí.

Seguimos sus indicaciones, pero nos encontramos un panorama desolador. La abuelita yacía muerta en el asfalto y sólo se distinguían algunos trozos de ella. También había un predator empalado contra un árbol, casi como si la abuelita lo hubiera empotrado contra él, pero descartamos aquella idea por considerarla inverosímil.

Nos topamos con su nieto, que no podía ni mirar la escena. Nos confirmó lo que ya sabíamos con lágrimas en los ojos y nos dijo que su abuelita no querría que se olvidase de las gentes del pueblo. Podíamos buscar a una compañera suya. Estaba algo loca, pero era de su absoluta confianza. Antes de irnos encontramos una foto de la abuelita tirada en el suelo. Se la dimos a su nieto para que pudiese recordarla.





Las calles eran estrechas y nos topamos con una batalla entre criaturas. El predator utilizó una especie de arma de plasma y liquidó a media docena de xenomorfos hasta que uno saltó sobre él, arrancándole su arma y golpeándole hasta reducirlo a pedazos.

Pasamos corriendo sin que nos viesen y llegamos donde estaba la mujer, a apenas unos cientos de metros de la carnicería. Parecía amiga de mi compañero, con un gorro de papel de plata con forma de cuerno en la cabeza. Mis compañeros entablaron una conversación de un nivel intelectual muy por encima del que yo podía alcanzar.





Fuimos en dirección al polígono y encontramos a una mujercita ama árboles. Estaba abrazada a uno como un koala. Después de la noche que llevaba, decidí pasar del tema y preguntar si necesitaba ayuda. Había que investigar el interior de un almacén. Decía que allí había visto a un pedazo monstruo y que no bajaba de su árbol. Sospechaba que era la madre de los monstruos. Si veíamos algún huevo o algo así debíamos llevárselos o destruirlos, si no, podrían conquistar el mundo.

Aunque no nos hacía ninguna gracia, comprendíamos el peligro que suponía para la humanidad. Entramos y vimos filas y filas de cajas. La mayoría volcadas formando un océano de restos por todo el almacén. Nos movimos como pudimos haciendo el menor ruido posible. Temíamos lo que pudiera haber allí.

Captamos un fuerte olor y vimos una especie de túnel en aquel cementerio de cartón. Al internarnos, las pareces fueron tomando un matiz quitinoso hasta ser por completo un caparazón gelatinoso de aspecto similar al exoesqueleto de los xenomorfos. En el interior encontramos varias decenas de pequeños huevos, como crisálidas ocultas que estuviesen creciendo. Pensábamos cogerlos todos pero al tomar el primero, la pared pareció cobrar vida. Una enorme y oscura forma comenzó a avanzar hacia nosotros soltando horribles gritos. Corrimos tan deprisa como nos era posible y la criatura nos siguió sin tregua, arrasando con todo a su paso. Con su descomunal fuerza, sus golpes comenzaron a resquebrajar los muros y cuando salíamos, vimos como el techo se le caía encima, aplastando a la criatura y a todos los huevos.... excepto el que llevábamos.


Se lo llevamos a la mujer koala, que lo rechazó, no quería tener nada que ver con aquel huevo. Al mismo tiempo, a mis compañeros les llegó un mensaje advirtiendo que no fuésemos a la plaza de toros y el siguiente vídeo:





Intentamos contactar con su amigo pero nadie contestó. La mujer nos dijo que Wayland estaba desplegando un dispositivo de evacuación en el centro del pueblo. Varias decenas de helicópteros se dirigían a las zonas despejadas de la ciudad.

Convencimos a la mujer koala para que nos acompañase y conseguimos un hueco en el último helicóptero. Ante nosotros, la última escena. Tres predator luchando por cazar al último alien. Pero se resistía a caer. Saltó sobre uno de ellos, lo derribó, y escapó. Todos rezamos porque los predator alcanzasen a liquidar a la última criatura mientras el helicóptero se alejaba, de no ser así, podría ser el comienzo del Apocalípsis.




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