2018-03-17 - Velilla de San Antonio - El Pueblo de los Cocidos


EL PUEBLO DE LOS COCIDOS






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Los mercenarios habían limpiado Velilla de San Antonio a fondo. Sumado a eso, habían encontrado una despensa abandonada llena de cervezas. El paso siguiente fue evidente. Una mega fiesta al desparrame.

Estaba feliz porque el pueblo fuera un poco más seguro pero no pensaba permitir que mi pequeña Alicia, la luz de mi alma, fuera a esa fiesta de noche y con todos borrachos. Le prohibí salir y se encerró en su cuarto enfadada. No me gustaba ser tan duro pero era el Apocalipsis y no podía arriesgarme. Aún no era ni mayor de edad aunque ya no existiesen leyes al respecto.

Subí a verla al caer la noche pero su ventana estaba abierta. Me asomé por ella y vi la tubería descender hasta el suelo y temí lo peor. Cogí mi abrigo y salí a la calle sin dilación.

La fiesta mayor se celebraba en un recinto cerrado. Me dirigí allí esperando encontrarla. Un humo verde me anunció que iba por el buen camino. Entré en el lugar y la música me dejó sordo. Avancé a empujones entre los borrachos. Había hombres y mujeres tirados por el suelo, ciegos de alcohol. Otros se escondían en rincones realizando actos más obscenos. La mayoría brindaba con cerveza mientras bailaban y reían. Alcancé a distinguir a Alicia. Llevaba puesto el lazo verde de su madre. Me abrí paso entre la multitud pero un grito hizo que la música se detuviese. "Zombi". La gente comenzó a correr, pisando a los desgraciados del suelo, aplastándose entre ellos.

Perdí a Alicia de vista y sentí un escalofrío. Me giré a tiempo de ver como una de aquellas descompuestas criaturas se me venía encima. Me aparté de un salto y dejé a un tipo encontrarse de frente con el ser.

No tenía tiempo para arrepentimientos. Tenía que encontrar a mi Alicia. La multitud se fue escabullendo por donde podían y cuando vi que en la sala quedaban sólo los muertos devorando a borrachos me fui. Corrí sin rumbo, persiguiendo a grupos grandes esperando encontrar a Alicia, pero sin suerte.

Me topé con un soldado y varias personas que se dedicaban a cargar contra los zombis armados con escudos. Me acerqué a preguntar a un tipo fornido y de labrada barba armado con un bate, pero apareció una horda y tanto él como sus amigos cargaron contra ellos. No podía esperar a ver el resultado, así que me dirigí a donde estaba la única amiga de mi niña.

Me acerqué a la Caseta del Parque de la Laguna. Allí la traviesa Moly O'Leary siempre servía algún brebaje hasta altas horas de la mañana. Estaba rodeada de su habitual grupo de adoradores babosos. Me las apañé para sacarla de allí un momento y preguntar si había visto a Alicia. Me dijo que no, pero que el padre O'Neill estaba reuniendo a la gente del pueblo, quizás él supiese algo. Me dio un beso para poner celosos a sus admiradores y volvió con una sonrisa a su puesto.

Encontré al Padre O'Neill en los antiguos juzgados. Tenía una jovencita rubia muy hermosa agarrada al brazo como si fuera el mesías, pero no era mi Alicia. Me acercaba a preguntar cuando un grupo de zombis surgió tras la esquina. Me escondí con el padre mientras las criaturas chocaban contra la puerta de cristal. Uno era enorme de blanco y dos chiquillas de pelo coloreado. No me detuve a admirarlos. Miré entre la multitud congregada en torno a O'Neill esperando ver a Alicia pero nada. Tampoco estaba allí.

El padre O'Neill parecía más borracho que ninguno. Le pregunté al respecto pero lo negó todo. Se puso a confesar a la gente, advirtiéndoles de que todos eran pecadores y de que "Los muertos caminaban sobre la tierra porque ya no había sitio en el Infierno". Una de sus charlas motivadoras. Escuché algunas confesiones mientras esperaba salir de allí. Un par de tipos que no eran del pueblo hablaban con él cerca de mí.

-¿Cúal esh tu mmayor pecado, hijo mhmío? -preguntaba O'Neilll con voz borracha.

-He tenido una hija fuera del matrimonio, padre -contestó uno.

-¿Y tú? -preguntó O'Neill a su compañero.

-Liarme con su hija, padre -confesó señalando con la cabeza a su amigo.

Siguieron todo tipo de confesiones, asesinatos, robos, una que había dado una hostiafina a una niña pequeña e incluso una que confesó que se quería apretar al padre O'Neill, cosa que le pilló por sorpresa. Como todos eran pecadores, los puso a rezar un padre nuestro para limpiar sus almas. Quería evitarme aquello pero los zombis seguían en la puerta así que me uní a la oración. Tras aquello, O'Neill comenzó a divagar contándonos los orígenes de San Patricio. Como si me importasen una mierda en ese momento. Intenté interrumpirle pero iba tan cocido que hasta terminar su historia no atendió a nada más.

Le expliqué mi problema y me dijo que era su deber ayudar a un buen ciudadano. A cambio me pidió un único favor. Si veía al protestante, su eterno enemigo, el Sacerdote John McClaine, tenía que llamarle "Calientabiblias". Como no tenía muchas opciones, accedí. También me pidió que si veía a la capitana de los mercenarios, le dijera que su vida de escarceo, bebercio y lucha le estaba haciendo parecer una vieja de 50 años pero fingiendo que aquel mensaje provenía del sacerdote. Le dije que sí a todo y accedió a ayudarme. Agarró la cruz y su biblia y abrió la puerta.

El padre O'Neill era un coloso, fornido y atractivo. Las mujeres del pueblo lloraron amargamente cuando el apuesto joven decidió entregar su vida a Dios. Y sobre todo, tan humilde. El caso es que, a bibliazo limpio, se abrió paso entre las criaturas y me facilitó el paso. Le agradecí y salí corriendo de allí.

Me encontré con Freddy McTavish. Era un tipo solitario y no habíamos tenido mucho trato, pero ahora necesitaba ayuda. Batallaba contra dos zombis, un barrendero y otro que vestía como Freddy Krueger. Corrí a ayudarle pero aplastó el cráneo de Freddy y agarró del cuello al otro mientras arrancaba el tronco del cráneo aún caliente. Sin más miramientos, lanzó al zombi y le clavó el tronco en el rostro, dejándolo en el suelo, tendido y con espasmos.

Le pregunté por Alicia pero tampoco la había visto. Sólo a la capitana de los mercenarios que se había paseado haciendo eses por allí cerca. Me indicó el camino. Si convencía a la borracha aquella quizás pudiesen relimpiar el pueblo. La encontré con una botella vacía en la mano y mirando por el cuello de la botella esperando que alguna gota olvidada se deslizara por ella.

La zarandeé un poco esperando que se le bajara el colocón que llevaba. Al parecer dio algún tipo de resultado, corrió a una esquina y echó hasta la primera papilla. Le di un momento para desahogarse. Mientras aún estaba de rodillas oliendo su propia compota, le expliqué que debíamos limpiar de nuevo el pueblo. Movió la cabeza asintiendo, aunque tenía la impresión de que era más porque la dejase en paz. Me informó que su lugarteniente estaba realizando un ritual de buena suerte y que fuera a ayudar.

Se encontraba discutiendo con un cura no muy lejos de allí. Este insistía en llamarla hereje mientras que ella intentaba hacer Dios sabe que ritual. Me interpuse y les expliqué mi situación y que todos debíamos trabajar juntos si queríamos sobrevivir. El Sacerdote seguía ofuscado con sus cosas cuando me acordé de lo que me dijo O'Neill.

-Por cierto, el padre O'Neill le manda saludos, Calientabiblias -dije como si fuera algo normal.

El sacerdote se volvió a mi furioso, pero luego clavó su mirada en el suelo y salió escopeteado bramando algo de un “Meapilas”. La lugarteniente me informó de que debían reunir a todos los supervivientes en el centro para acabar con los zombis.

Me dirigí por el pueblo a toda prisa informando a los soldados que me había encontrado, pero me detuve en seco. Durante un instante, juraría que vi a un leprechaun verde bailando sobre un muro.

-Jelloú -dijo con acento Irlandés-. It's my gold?

Sacudí la cabeza y al volver a mirar, ya no estaba allí. Sin duda, producto del estres de la noche.

Acabamos reuniéndonos todos en la plaza. Busqué desesperado a Alicia pero no la alcancé a distinguir entre el público. Asustado, me percaté de que la mayoría seguía borrachos y que una inmensa horda se dirigía hacia nosotros. Moly puso una canción por los altavoces, la típica canción de pelea en un bar irlandés. La multitud cargó contra los zombis armados con sillas, jarras, botellas y lo que encontraron a su paso. En la trifulca, todos cobraron, los zombis, la gente, la gente a otra gente y los zombis a otros zombis. Un auténtico caos. Una jarra voladora me dio en toda la sien y caí derribado.

Cuando amanecí, los vivos habían ganado. La plaza estaba llena de desperdicios de todo tipo, aunque no parecía importar a la gente que se empeñaba en festejar. Los curas bailaban el uno abrazado al otro mientras la capitana volvía a estar borracha mientras le tiraba los trastos a un leprechaun que ... ¿No debía estar ahí? ¿Era real?

No le dediqué más tiempo a aquello, miré entre todos los presentes, vivos y muertos, pero no encontré a Alicia por ningún lado. Desesperado, volví a casa para tratar de buscar algo entre sus cosas que pudiera guiarme o darme una pista de donde se escondía. Me llamó la atención una luz de vela en mi cuarto, no recordaba haberla encendido. Me acerqué y la vi tendida en mi cama, tapada con una manta y dormida.

Me acerqué y caí de rodillas a su lado. El ruido la despertó.

-Hola, papi -dijo sonriendo.

-Hola, cielo.



 (Si alguno se siente vago, puede escuchar el audio del relato)

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