2018-04-21 - Zahara de la Sierra - Politiqueo

Politiqueo







El pueblo estaba en crisis. Por toda España, o lo que quedaba de ella, distintas facciones luchaban por hacerse con el control de los pueblos y emplazamientos estratégicos. El alcalde convocó a todos los ciudadanos para decidir que hacer, pero al caer la noche y reunirnos sólo subió su ayudante. Cabizbajo subió al escenario que se había montado en el campo de fútbol.

El alcalde estaba recogiendo su máster y había dejado su pueblo, Zahara de la Sierra, sin un liderazgo claro. Sólo dejó dicho que el pueblo decidiría entre todos los que se postulasen al cargo. Aquello causó que toda facción, grupo con poder o de renombre en la península mandase un representante para hacerse con el lugar. Al final de la noche, el representante con más seguidores, con más votos, sería el dueño del lugar.

El primero con el que me topé fue el enviado de WRG que aguardaba elegante cerca del hotel Tadeos. Me habló de buenas maneras. Era su primera misión de campo aunque, gracias a que había demostrado ser pro-activo, le habían asignado tan importante tarea pero su enfoque era muy diplomático para lo que venía siendo WRG. Confiaba en que todos los que habían acudido pudieran acordar un pacto, llegar a un entendimiento y hacer del pueblo un lugar seguro, un baluarte. Me enseñó el uso básico de una pistola, me contó una turra de su empresa y me dio billetes como si yo fuera una pilingui. Al menos fue educado...

Me dijo que le ayudase a realizar su misión. Si bien es cierto que no terminaba de fiarme de él, no parecía ser mala gente. Me dijo que debía extender su invitación a todos los presentes, pero que no podía hacerlo en persona, ya que con él se pondrían en guardia nada más verlo.

Sabía donde estaba uno de ellos, uno que podía resultar razonable... El enviado de los Hijos de la Luz.

Me explicó que el hijo de la luz estaba en lo alto de la torre del Homenaje. Lo primero que hice fue mirar hacia mi espalda. La torre se alzaba como una isla sobre las nubes, con la bruma deslizándose por su falda y unas débiles luces marcando los escalones de subida.

El enviado de WRG me dijo que le había visto huyendo hacia allá de alguna oscura fuerza, perseguido, acosado. Los relámpagos y la propia tormenta habían azotado el pueblo en aquel momento, pero puede que solo fuera una casualidad. Ahora estaba todo tranquilo. Me dijo que tenía hasta el amanecer para ser diplomático, luego sus jefes puede que exigieran acciones más directas.

Le dejé meditando en silencio mientras comenzaba un duro ascenso. Aparte de unos cuantos zombis, lo único que encontré fue una subida más complicada que la del Monte del Destino en Mordor. Cuando casi había coronado la montaña, sentí que atravesaba un suave halo de luz casi imperceptible y que recuperaba el aliento para la subida final. Arriba, encontré un orgulloso y poderoso hombre, de espesa barba y escueta palabra. No sabía muy bien que decirle así que le ofrecí un puñado de los billetes que me había dado el emisario de WRG.

-Con los saludos de WRG -dije con mi tono más diplomático.

Los tomó sin inmutar su expresión, tomando los billetes entre su índice y el dedo medio y súbitamente... comenzaron a arder. Me asusté y retrocedí, pero él no se movió ni dio muestras de amenaza. Me alejé hasta estar cerca de las escaleras pero al ver que no se movía, me detuve.

-No acepto dinero de escoria como WRG -pronunció sereno pero tajante.

-Ya veo, ya. No quería ofenderle -me disculpé.

-No se preocupe, el mal acecha en cada esquina y le necesito.

-Oh, em, ¿qué puedo hacer por usted?

-Necesito crear una barrera más poderosa alrededor de este lugar pero mis fuerzas han menguado. Una... un súcubo de la Logia me ha perseguido hasta aquí y acecha en las sombras.

No entendía nada de lo que decía pero asentí. Sacó un cuchillo y lo tendió hacia mí. Le miré con preocupación.

-Necesito que te hagas un corte en la mano. Necesito que dejes una gota de tu sangre en ese cuenco.

Aunque no me agradaba mucho la idea, había prometido ayudarle y sólo pedía una gota. Esperaba que aquello no fuera más lejos porque empezaba a parecer un poco espeluznante. Me hice el corte más pequeño que pude y apreté hasta que salió una perla escarlata. Al caer, el cuenco estalló en llamas azules y pequeños hilos dorados se lanzaron hacia el cielo. Aunque se perdían de vista a los pocos metros, sentí que me embargaba una sensación de paz y seguridad.

-Bien, ahora podré reponerme. Necesito que entiendas que sólo mediante la fe sobreviviremos. Debes decirle a la gente del pueblo que se unan a la luz. -dijo, mientras me aferraba los hombros. Confieso que aunque no sentía el mal en aquel hombre, sus formas me asustaban. Asentí más por tratar de escapar que por estar conforme-. Bien, ve y que todos sepan que la luz les protege.

En cuanto le perdí de vista bajé las escaleras de dos en dos sin mirar atrás hasta que tropecé con un zombi. Por suerte, con la fuerza que llevaba lo tiré por el barranco y se estampó contra las rocas.

-Has matado a una de mis criaturas -dijo una voz enfermiza, una voz ultraterrena.

Me giré temiendo ver a un ser de horror indescriptible pero, sólo vi a una mujercita, pequeña y con media cara pintada como una calavera, que acariciaba un gatito.

-Hey, pequeña, ¿te has perdido? -pregunté con voz suave, calmando mis nervios.

No dijo nada, sólo alzó la mano y tras ella, una docena de cabezas putrefactas se alzaron.

-Mierda...

Comenzaron a correr y me lancé por el barranco mientras escuchaba la horda tirarse tras de mí. Rodé y me clavé mil y una agujas tratando de escapar. Llegué rodando a una carretera en la que se interrumpía la pendiente de tierra. Me recompuse como pude y al alzar la mirada, me topé con un zombi que, nada más verme, hecho a correr... ¿en dirección opuesta? ¿asustada de mí? … no tenía tiempo de preguntarme que demonios había pasado. La horda me seguía. Corrí y me tropecé con un tipo que llevaba un lazo.

-Corra, me persiguen los zombis -le grité al hombre.

-¡Hombre, algo de diversión al fin! -exclamó alegre.

Le acompañaban un par de chicos y una mujer que no se mostraban ni mucho menos tan contentos ante mi llegada premonitoria de muertos. Uno de los chicos se hizo un bicho bola y se tiro al suelo llorando, el otro se puso a sacar pecho ante los zombis como si fuera una pelea de bar y la chica gritó al reconocer a su novio. Viendo aquel panorama no me detuve en mi carrera.

Sólo cuando hube dejado un buen trecho entre mis perseguidores y mi trasero me permití ver que sucedía. El sujeto del lazo pareció apañárselas, pero el tipo bola gritaba mientras lo devoraban, el otro que se creía guay estaba siendo cubierto por vómito de zombie aunque estos parecían asqueados de él y no tenían ganas de comerlo y por último, la chica corría acosada por su novio, exnovio o como quieras llamarlo hasta perderse en la lejanía.

-Una vista interesante, ¿eh? -dijo alguien a mi espalda.

Me giré y había una joven pequeña, huesuda y grácil. Se acuclillaba sobre una roca y me miraba con una mezcla entre diversión, hambre y crueldad. Tenía toda la zona de los ojos manchada de negro y un pelo violeta rizado. Vestía con cueros provocativos y sacó un cuchillo de su bota y lo comenzó a lamer. Era una extraña mezcla de sensualidad y locura casi hipnótica.

-¿Quieres jugar a un juego? -preguntó con una sonrisa mientras inclinaba la cabeza. Sus ojos sin embargo brillaban dementes.

“Ni de coña le digo yo a esta zumbada que sí”, pensé.

-Claro -respondí. Malditas sean mis pelotas.

Me tiró un garrote y en cuanto lo cogí, saltó sobre mi como el águila sobre un conejo despistado. Aunque mi arma era más contundente y grande, no sabía usarla y su acoso con el cuchillo sólo me permitía retroceder una y otra vez hasta que su sonrisa fue desapareciendo para ser sustituida por otra más vacía.

-Me aburro -dijo casi sin vida y de un movimiento, tan rápido que el ojo no podía seguirlo, clavó su puñal en mi estómago y me pateó las partes nobles. Caí desgañitado y se liberó de mí de una patada en el pecho haciéndome caer por la pendiente de la calle.

Rodé un buen trecho hasta que choqué contra una verja. Me tomó un rato recuperar el aliento. Me dolía todo el cuerpo y apenas podía mantenerme en pie. Cuando por fin pude enfocar la mirada, observé a un soldado muerto al otro lado de la valla. Parecía haber sido medio devorado.

Me arrastré como pude hasta una calle bajo el mirador, esperando poder descansar. Una mujer de vestido negro, aunque con cierto aire indio, y armada con un bate aguardaba mientras sostenía una flor ante sus ojos.

-Vivir o no vivir, esa es al cuestión... -la escuché decir.

“Cojonudo, otra pirada, lo que me faltaba”, comencé a pensar mientras giraba para marcharme.

-¡Espera! -dijo tras de mí.

“Joder, me ha visto. A ver que le cuento ahora”

-Lo siento, no puedo ayudarte -dije mientras me sostenía las entrañas.

-Lo sé, pero yo si puedo ayudarte a ti. No desperdicies tu vida por orgullo -dijo como una madre enseñando a un hijo algo corto.

Se acercó y me vendó la herida con un retazo de su vestido y unas cuantas hierbas que llevaba en una bolsa. Cuando me disponía a darle las gracias, se alzó de un salto y bateó con todas sus fuerzas. Cerré los ojos por reflejo y lo siguiente fue sentir una lluvia pegajosa tras un sonido de hueso crujiendo. Al abrir los ojos me volví y contemplé a un zombi justo detrás de mí con la cabeza desintegrada. Se convulsionó y calló.

-Gracias, señoraaa......

-Soy la representante de Vida.

-¿Vida?

-Sí, somos un grupo recién formado pero somos el futuro de la humanidad, la oportunidad de volver a ser uno, de prosperar.

“Esto me recuerda a las elecciones cuando aún estaban los partidos políticos”, pensé para mis adentros.

-Sí, desde luego, debería decirle a la gente que Vida es la indicada para gobernar el pueblo.

-Sí, me alegra que lo hayas entendido tan rápido.

-Claro, claro, por supuesto. Deja que se lo cuente a mis conocidos y seguro que salís ganadores.

Me alejé con paso tranquilo y digno temiendo mirar atrás. Comencé a subir hacia el corazón del pueblo. Ya me daba igual todo, sólo quería volver a casa, pero de camino vi a una joven vestida muy peculiar. Era una mezcla algo psicodélica entre gata, payasa y colegiala.

-Malicia, despierta, tenemos compañía -dijo la mujer.

-Tranquila Patricia, ya estoy aquí -respondió ella misma.

“Esto ya es de coña, ¡todos locos!”, pensé.

Se acercó dando saltitos hacia mí.

-Necesito que me hagas un favorcito rechiqui chuiquitito -dijo con un fervor terrorífico brotando de sus ojos.

Asentí tratando de contener mi esfínter y mi vejiga.

Pasó su brazo por debajo del mío y me llevó como si fuera una cita de pareja por la calle. Llegamos a la torre del reloj y apuntó a la puerta.

-¿Ves a esa mujer? Quiero que te acerques a hablar con ella, sólo eso -dijo Malicia.

Asentí sin decir palabra, esperando que me soltase y me dejase marchar. Me acerqué a la persona que me había indicado. Era otra mujer pequeña joven y cubierta de cueros que la hacían parecer un poco pilingui, una pilingui nazi. No obstante, la escopeta que llevaba y su cara seria daban a entender que le volaría los huevos a quien insinuase tal cosa.

-Perdona, pero una loca me ha dicho...

No pude terminar la frase porque un hacha pasó volando sobre mi cabeza y se clavó a escasos centímetros de la mujer. Escuché una risa histérica y la payasa de antes cargó desde la esquina hacia nosotros. La nazi comenzó a disparar y la payasa comenzó a saltar entre los coches mientras nos tiraba de todo. Cuchillos, piedras y un osito que le dio en la cara a la nazi, cabreándola aún más. Disparó a destajo contra la otra mujer hasta que se quedó sin munición. Entonces la payasa cargó de nuevo directa a nosotros. La nazi corrió a esconderse en el interior del edificio y yo con ella. Cerramos la puerta y no tardamos en escuchar a la loca del exterior emprenderla a hachazos contra la puerta.

-¡Tiene que haber una salida! -exclamé desesperado mientras me dirija a la puerta trasera.

-¡No, espera! -gritó ella tratando de detenerme. Pero ya era tarde. Había abierto la puerta y me quedé asombrado, aunque parecía algo ya imposible. Un soldado esposado y amordazado a una escalera de caracol con evidentes marcas de tortura y con una batería entre las piernas de la que surgían cables que acababan en pinzas conectadas a sus pelotas.

Me giré hacia la nazi y abrí la boca para decirle algo pero luego pensé, “mira, qué cojones, paso de todo, estoy hasta las narices de este pueblo”. Ignoré la súplica muda del soldado y subí la escalera. Nada, era un callejón sin salida. Escuché como la puerta cedía y decidí jugármela. Una ventana daba a un tejado más bajo que se deslizaba hasta apenas un par de metros de la calle. Era arriesgado, pero cualquier cosa antes que toparme con el berenjenal que había abajo.

Abrí la ventana y con buenos reflejos, caí, rodé, me clavé varias tejas, rompí otras muchas y caí los dos metros de cara contra el asfaltó. Un par de zombis errantes se acercaron atraídos por el ruido. No podía moverme y pensé que sería mi final pero un tipo con una manta multicolor muy de hippie me cubrió. Los zombis se acercaron, olfatearon y se fueron.

-Gracias, eres la primera buena persona que me encuentro, buena y normal. Este pueblo está lleno de locos -susurré al desconocido.

-Tranqui amigo, los zombis son personas, son colegas, hay buenri -sonrió con ojos rojos y mirada ausente.

“Para que coño abro la boca”, pensé.

Me ayudó a salir de la calle y le agradecí lo mejor que pude tratando de no ofender sus sentimientos. Luego, me marché en dirección al hotel. Esperaba poder refugiarme allí.

De camino, encontré a una mujer armada, cómo no, que vertía algo en el suministro del agua.

-Perdona, ¿qué haces? -pregunté preocupado.

-Ese cerdo de WRG está ahí abajo -dijo sonriendo mientras miraba hacia el hotel Tadeos.

-Has hecho algo al agua, ¿verdad?

-La he envenenado.

-¿Estás loca? ¿y la gente inocente?

-Lo que sea con tal de matar a ese cabrón.

-No puedo permitirlo...

Se giró hacia mi y comprendí que, una vez más, no había aprendido a cerrar la boca a tiempo. Se acercó con un caminar sensual, casi como invitándome a confiar en que mis palabras no le habían afectado y cuando estuvo ante mí, me golpeó en la herida con la culata. Caí doblado de dolor y viendo puntos blancos. Ella se inclinó y me agarró el pelo para obligarme a alzar la mirada y me susurró al oído.

-Vas a bajar ahí y vas a hacer que beba agua, ¿entendido?

-Sí, joder, sí -jadeé sin aliento.

Me empujó colina abajo. Por suerte, sólo había zarzas, árboles, arbustos, ortigas y alguna roca esporádica. Llegué vivo abajo no se ni cómo y sólo el miedo a que aquella mujer bajase me permitió alzarme de nuevo. Fui como pude hasta el enviado de WRG y le conté un resumen de mis encuentros.

-Malditos animales. He intentado ser diplomático. Se acabó. Mi jefe va a acabar conmigo si no consigo este pueblo -dijo con furia contenida.

Sacó un móvil de su bolsillo y marcó con rapidez.

-La torre, un misil guiado, ¡ya! -colgó y se giró hacia mí- Ahora contemplaras el poder de WRG.

Me señaló la torre y miré sin saber que debía buscar. Al momento, dos estelas de fuego se acercaron a la torre. La primera impactó contra algo que estalló con un resplandor dorado pero el segundo penetró hasta chocar con la torre y ésta estalló en mil pedazos. Al instante la herida de la que me había sacado la gota de sangre me ardió cómo si hubiese echado fuego por encima. Me mareé y temí desmayarme pero el tipo me agarró del brazo y me arrastró.

-Vamos, es la hora de votar.

-Yo sólo quiero irme a casa.

-¡No!, tu votarás, como todos.

De camino, nos topamos con el tipo del lazo que jugaba con un zombi.

-Vayaaaaa, pero que tenemos aquí. ¿No es el tipo de WRG que me anda amenazando?

-Cuidado pastorcito -dijo mi raptor sacando una pistola del bolsillo.

-Ja, ja, ja. Cuidado tu amigo, que tienes visita a tu espalda.

Tanto yo como el enviado de WRG nos volvimos y contemplamos una enorme horda descender por la cuesta. Comenzamos a huir mientras estos se lanzaban en nuestra persecución. Otro grupo de supervivientes nos vio llegar y se sumaron a la carrera. Vi al tipo de WRG cargarse a varios pero no se detuvo a vanagloriarse. Corrimos hasta llegar al campo de fútbol.

El primero en llegar fue el ayudante del alcalde. Este seguía sin aparecer y sería el encargado de elegir el grupo más votado. El representante de WRG urgió que se celebrase la elección, pero le interrumpieron. Todos los locos con los que me había topado se reunieron en un mismo sitio. La gente llegó, más ilusionada que asustada. No sabían lo que estaban haciendo. Iban a entregar el pueblo a alguno de aquellos dementes.

Comenzaron las votaciones. El hippie, los soldados y la resistencia recibieron el voto del silencio. Los demás alcanzaron cierto equilibrio, pero ganaron los llamados Raiders, cuya representante era la cabrona que me había abierto el estómago.

Pero ninguno iba a aceptar aquello. En cuanto salieron los resultados, todos se apuntaron, bueno, casi todos.

-Paz, hermanos. Debemos convivir en armonía. No nos apuntemos entre nosotros -dijo el hippie alzando las manos en un llamamiento a la calma.

-¡Nadie te está apuntando, puto hippie! -le espetó la Raider.

El enviado de WRG había sacado una segunda arma y apuntaba directamente a la envenadora, que hacía lo mismo con él. El resto se apuntaban entre ellos. Cuando parecía que iba a acabar en un tiroteo, llegó la mujer del gato, la loca que controlaba a los muertos, seguida de centenares de zombis. El resto de grupos se encararon y comenzaron a disparar sus armas, pero eran demasiados. Viendo que la batalla estaba perdida, todos abandonaron a las buenas gentes a su suerte y huyeron.

Sobrepasado por tantas emociones, caí rendido en la inconsciencia.

Pasó no sé cuanto tiempo, pero cuando abrí los ojos, allí estaba la pequeña mujer con su gato observándome.

-Mira quien ha despertado. Bienvenido a mi Legión -dijo sonriendo.



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