2018-04-28 - Alba de Tormes - Asim Khaldum

Alba de Tormes - Asim Khaldum






Alba de Tormes. Un pueblo tranquilo, hasta ahora libre de la plaga zombi. Pero un pecado, la avaricia, provoca el fin del idilio. La muerte surge de las catacumbas, arrastrándose deseosa de probar carne. Encuentra la primera víctima, y luego otra. Se extiende.

Distintas fuerzas se ponen en marcha, un eco de la piedra tras caer al agua.

Jorge, un hombre orgulloso, que ha unificado a las gentes del pueblo, se ve obligado a pedir ayuda.

Andrés Garmendía y Marta, de los hijos de la luz, reciben una llamada y convocan a sus fuerzas. Es lo que necesitan. Jorge tiene una reliquia que precisan y será el pago por su ayuda.

Un hombre extraño, misterioso, surge atraído por el cambio.

Es tiempo de cambio, es tiempo de conflicto, luchar o morir.

Los hijos de la luz capturan al zombi cero. El que ha surgido de las catacumbas. Es el hijo de Jorge.

Todo cobra sentido. Con todo lo que puede hacer Jorge, la muerte sigue estando fuera de su alcance. Los Hijos de la Luz son conocidos por sus poderes. No se sabe bien de donde surgen, pero un padre desesperado está dispuesto a rezar al mismísimo Satanás por devolver la vida a su hijo.

Comienzan el ritual. Lo han efectuado muchas veces y siempre ha resultado. Un hombre observa desde un callejón, su mirada es recelosa, siente que algo no va bien.

Alberto, el hijo de Jorge, regresa a su cuerpo tan sólo un instante, un suspiro en el que mira a su padre y su mirada suplica ayuda y perdón. Al instante se apaga y cae fulminado. El ritual... ha fallado. Los Hijos de la Luz se quedan perplejos. Esto nunca había pasado. El ritual ha sido bien ejecutado pero no ha funcionado. No hay tiempo para preguntas. El ruido atrae a los muertos. La gente congregada se dispersa gritando, ahogando el llanto de un padre angustiado que llora su pérdida. Andrés y Marta lo arrastran lejos del cuerpo de su hijo mientras las criaturas cazan a algún rezagado.

La extraña figura desaparece como si nunca hubiera estado.

Todos los Hijos de la Luz se separan, la horda zombi les divide y la confusión les hace débiles.

Uno quedó atrapado en un colegio abandonado. Una de las visiones más terroríficas surge de sus aulas. Niños, destruidos por el virus y animados por éste. El hombre trata de contenerlo con sus poderes, pero son demasiados. Acaba atrapado contra la valla mientras las criaturas usan sus pequeñas bocas para destrozarle con diminutos bocados. Una mano se desliza entre los barrotes y le roba un antiguo papiro de la orden en el que están escritas las runas para transcribir textos secretos. Con su último aliento trata de ver al ladrón, pero sólo ve una gran figura con abrigo largo y sombrero alejándose de la luz de la farola y fundiéndose con la noche.

Andrés esta confuso. Ha realizado el ritual según los textos. Reúne a ciudadanos y trata de realizar la misma ceremonia con otros zombis mientras busca el fallo. La figura lo observa a la distancia. Él también siente curiosidad por su fallo.

Marta comprende el valor del pasado. Ella persigue una ventana, una foto del pasado que ha llegado a nuestros tiempos. Dentro de un arca perdida hay una antigua carta. Sabe que el código para abrirla está cerca. La figura la observa. Aunque con los años sus movimientos se han vuelto más lentos, la larga experiencia de Marta le permite abrirse paso entre las criaturas hasta una antigua estatua. Oculta entre los pliegues de su ropa está el código pero Marta está rodeada. Aun así se prepara para la batalla pero algo golpea su pecho y se desliza hasta su bolsillo. Las criaturas se detienen y, extrañada, Marta se da un instante para observar que la ha golpeado. Saca de su bolsillo un amuleto, un collar, con un pentagrama protector. Sin dudar, se lo coloca al cuello. Las criaturas se espantan por el poder de tan extraño artefacto. Marta escapa y obtiene su premio, el antiguo testamento de la mismísima reina Isabel de Portugal. La figura que ha observado todo se desvanece una vez más, satisfecho.

Jorge por su parte llora su pérdida bajo un acantilado, mientras algunos ciudadanos se acercan a verle. La extraña presencia está a punto de aproximarse a él, pero alguien se asoma a lo alto del acantilado.

-¡Hijoooooo, ¿estás ahí? -grita Eloísa.

-Sí, madre -responde él a voz alzada tras recomponerse un segundo.

Un grupo de mujeres le acompañaba en ese momento, tratando de animar al decaído Jorge.

-¡Hijooooo, ¿estás hablando con mozas? -gritó al poco de nuevo Eloísa.

-¡No, madre!

-¿Has encontrado el calzoncillo limpio que te dejé en la cama?

-Sí, sí, madre, por favor, déjame sólo un rato.

Durante unos instantes Eloísa pareció a punto de marcharse, pero volvió a asomarse.

-¡Ese abrigo te hace gordo!

-Por el amor del cielo, madre, déjame.

Las mujeres que le acompañaban trataban de contener la risa y la figura optó por desvanecerse.

Dos hombres que caminaban cerca del castillo vieron una sombra sentada en uno de los bancos. Se acercaron como atraídos por una fuerza, una voluntad que les requería.

-Saludos -dijo la voz.

-Ho...hola. ¿Quién es usted? -preguntó uno de los hombres.

-Mi nombre... mi nombre es Asim, Asim Khaldun. Necesito vuestra ayuda.

-Ya... y cómo....

-Veréis, no sé si conocéis la historia de Isabel de Portugal o lo que sucede esta noche aquí. Los Hijos de la Luz han venido sin tener ni idea. Marta, la única con algo de cabeza, tiene ahora en sus manos un documento que desentrañará algunos interrogantes. Tu, búscala y dale esta hoja de códigos -le dijo al hombre que no había hablado-. A ti te necesito para comprobar una cosa -le dijo al otro-. Alberto, el hijo de Jorge ha resistido el ritual, necesito que lo atraigas a este círculo que he trazado con las cartas para estudiarlo.

-Pero...

-No te preocupes, una vez dentro, Alberto se paralizará y podrás marcharte.

El hombre se vio obligado a obedecer. Le llevó un rato pero volvió perseguido por Alberto y dos acompañantes, un niño y una niña. Alberto, que iba a la cabeza, entró en el círculo y quedó paralizado. El hombre se quedó delante, respirando con dificultad y relajándose.

-Dije Alberto -susurró Asim.

-¿Cómo? -preguntó el hombre alzando la vista de forma súbita a tiempo de ver como las otras dos criaturas se le echaban encima.

Mientras gritaba, Asim se quitó el sombrero y estudió al ser con detenimiento. Tras unos instantes en los que los gritos se apagaron y sólo quedó el desgarrar de carne, sonrió satisfecho.

-Eso lo explica todo -dijo colocándose de nuevo el sombrero y descendiendo pendiente abajo.

Marta tenía un texto antiquísimo pero no sabía como descifrarlo. Para su sorpresa, un hombre se acercó y le dio la clave para ello. Extrañada, le preguntó de donde lo había sacado. Aquella hoja debía tenerla uno de sus hermanos. El hombre se encogió de hombros y dijo que un tipo se la había dado.

Marta estudió el texto y extrajo de él una inquietante verdad. Isabel de Portugal había tenido dos colgantes, uno que daba vida y otro que la quitaba. Su orden había venido a por el que daba la vida para usarlo en su lucha contra los muertos, pero se habían equivocado. Eloísa, una joven de la edad media, había tomado el medallón maldito y había liberado a la reina de su maldición. Después, se unió a las tropas del Duque de Alba fingiendo ser un hombre y al acabar todo, había venido a este pueblo donde terminó sus días. El collar fue enterrado con ella. Se habían equivocado, ahora todo tenía sentido. Los Hijos de la Luz había realizado generosas ofertas a los Martínez, pero Jorge las había rechazado porque sabía que era un objeto maldito a diferencia de Alberto, joven y avaricioso, que lo había robado y había desatado el caos. Aun así, sentía que ellos habían provocado aquello por agitar el pasado.

Marta se puso en camino. Reunió a todos sus hermanos aún vivos y buscaron a Alberto. Le dieron el fin que su alma anhelaba y con cuidado de no tocar el medallón con las manos desnudas, se lo arrancaron de sus frías manos muertas.

La extraña figura observó intranquilo. No esperaba aquella reacción. Comenzó a caminar golpeando con su paraguas mientras caminaba por la calle. Poco a poco, una horda se fue congregando tras él.

Marta reunió a sus hermanos en un pabellón donde se prepararon para destruir el collar. No tardaron en desatar sus poderes tratando de destruir la reliquia, pero un hombre interrumpió su ritual. Jorge entró gritando. Antes de que pudieran detenerle, agarró la reliquia y corrió a la salida. Los Hijos de la Luz cargaron tras él pero un hombre entró caminando. Con larga chaqueta, sombrero y muchos amuletos, agarró a Jorge del brazo y le apartó a tiempo mientras una ola de criaturas entraba por la puerta. Mientras los Hijos de la Luz luchaban, ambos se desvanecieron en la noche con el objeto maldito.

Al acabar la refriega, los Hijos de la Luz sobrevivientes decidieron retirarse. Demasiados errores por una noche.




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