Versum - La caida de Todo





Nunderwood era el hogar de mi familia. Un bosque de abundante caza, tranquilidad y belleza.  Cuando no salía a buscar alguna presa, entrenaba o releía los viejos tomos de mi padre. Así transcurrió la mayor parte de mi vida, en la felicidad del hogar. Pero cuando fui mayor de edad, comenzaron a hablarme de la Nada, un mal que asolaba el mundo y que amenazaba con enviarnos a todos al olvido. Escuchando aquellas historias comencé a soñar con mis propias aventuras combatiendo a la nada, haciendo de mi nombre una leyenda y que esas mis andanzas ayudarán a detener el avance de la Nada, que se incrementaba cuando no había historias que contar.


Deje de soñar el día que mi tío, Vladimir, se presentó en nuestra casa. Por entonces no le conocía pero mis padres, que siempre se mostraron hospitalarios con cualquier extraño extraviado en el bosque, agarraron sus armas. Me ocultaron en el sótano y al poco escuché gritos seguidos de aullidos, golpes, el crujir de la madera y el calor de la magia. Entonces se hizo el silencio absoluto. Algo comenzó a gotear desde el techo pero antes de percatarme de qué era, la puerta del sótano se quebró y entró una bestia lupina con ojos fríos y blancos como la luna que me contemplaron con desprecio. Observé con horror sus manos llenas de sangre sosteniendo las cabezas de mis padres y su pelaje aún ardiendo donde había sido golpeado por la magia. Sentí algo que jamás había sentido, algo que emponzoñaba mis venas, que hacía que cualquier miedo o temor desapareciese y que se volcaba en acabar con aquel ser.


Desperté en un charco de líquido podrido y costroso. Solo destacaba en él un cráneo pequeño formado por decenas de cráneos, como si fueran almas atrapadas. El resto de la casa parecía haber sido corroída por algo. Solo había sobrevivido un viejo tomo que mi padre siempre me había vetado. Lo tomé y, sin nada más, partí de allí. No quedaba nada para mí en ese bosque. Encontraría respuestas, el por qué mis padres habían tenido que morir y exigiría castigo sobre los culpables.


Pero primero necesitaba un lugar donde reunir información. Recordaba que mi padre había mencionado que en la Isla Esmeralda había una biblioteca con todos los tomos jamás escritos. Era tan buen lugar como cualquier otro para comenzar.


Mientras partía, un susurró, casi como una acusación llegó a mi cabeza.


Villano


La voz se parecía a la del extraño de la noche anterior.


Tú me mataste


Era el cráneo el que me hablaba, en susurros… en mi mente. Lo tomé con manos temblorosas y lo observé. los pequeños cráneos que parecían moverse, formando patrones hipnóticos sobre la superficie de la calavera. Sacudí la cabeza, confuso.


-”Por tu culpa” -susurró en alto.


-¿Eres tú? El asesino… -dije con voz quebrada.


-”Sí… y tu tío, Vladimir


-¿Por qué? ¿Por qué nos has hecho esto?


-”Una vieja profecía… pero he fallado. Da igual, algún día lo entenderás. Estoy cansado...


-¿Profecía? y cansado de qué, eres una calavera… ¡Responde! -grité agitándolo.


Pero no dijo nada más así que, tras agitarlo un rato más, me puse en marcha. Después de unos días, comenzó a hablar de nuevo, pero no había forma de hacerle hablar de la profecía o de por qué nos había atacado. Era mala compañía, pero compañía al fin y al cabo.


Todos aquellos recuerdos me asaltaron mientras descendía por la colina rumbo a la isla. Un anciano barquero esperaba relajado en la orilla. Me miró con una sonrisa y me preguntó:


-¿A la Isla Esmeralda, buen señor?


-”No, a tu casa, a matar a tu familia imbécil” -me susurró en la cabeza Vladimir.


-Así es -respondí ignorando a mi tío y sin poder contener la sonrisa. Por fín había llegado.


Me llevó con presteza y no tardamos en llegar a la isla. Quise agradecérselo pero rechazó mi dinero. Era su trabajo y ya era bien pagado por ello.


Al contemplar la isla sentí una intensa sensación de paz y tranquilidad. Los conejos brincaban por la pradera y una suave brisa mecía los árboles. Por fin ante mí, después de leer sobre ella, escuchar sobre ella y soñar con ella, pisaba su playa. Y no era el único presente; infinidad de criaturas, cada cual más fabulosa que la anterior, vagaban por la isla con sus quehaceres. Incluso sentí a Vladimir vibrar curioso.


Pregunté a un hombre, que parecía ser híbrido de humano y gato, dónde podía presentarme y anunciar mi llegada apropiadamente. Me informó que en el mercado se encontraba el consejo; un pequeño grupo que se encargaba del cuidado de la isla y guiar a los recién llegados. Me advirtió que los tratara con respeto, ya que algunos no sabían apreciar la dureza de su trabajo. Hacían mucho más de lo que nadie podía imaginar.


Charlé con mi nuevo compañero mientras caminábamos hacia el mercado, bordeando la playa de cristalinas aguas. No nos tomó más de unos minutos llegar y volví a maravillarme una vez más. Expuestos en las distintas tiendas había toda clase de productos imaginables, desde simples cuchillos a talismanes de inmenso poder. A un lado, fraguas con forzudos herreros de las más dispares formas, desde un anciano pirata hasta un joven enano, en otro, el cuartel de la guardia y el centro de tasas del imperio. Todo ello situado en el claro de un bosque de enormes pinos, rodeado por banderolas colgadas entre los árboles en un festival de color.


-Soy “Gato” por cierto. Bueno, no en realidad, pero mi nombre es tan complejo que me apodaban “El Gato” así que, Gato está bien -explicó tendiendo su mano gatuna.


-Un placer, soy Villano. Tampoco es mi verdadero nombre pero… es el que me otorgaron las gentes del camino. ¿Es la primera vez que vienes?


-No, el año pasado fui enviado por mi raza. Por afinidad, me uní al Campamento Azul, pero me vendieron como esclavo al Morado.


-¿En qué se diferencia?


-Sí que eres nuevo… pues… el Azul acoge a forajidos, ladrones y piratas de todos los tipos y el Morado es más como. el lugar al que van los raritos.


-Y llevas un año aquí entonces…


-¡No! si que voy a tener que explicarte todo… A ver, la isla es un nexo entre mundos pero sólo se abre una vez al año durante 3 días, mientras las lunas de todos los mundos giran sincronizadas por un breve espacio de tiempo. Cuando pasa ese periodo, la bruma se traga la isla de nuevo. Si te quedas, estarás aquí atrapado un año. No te lo recomiendo.


-Vaya, entonces he tenido mucha suerte de encontrarla justo hoy.


-”No ha sido suerte, este lugar nos llama” -dijo Vladimir.


-No te haces una idea. Casi parece cosa del destino.


-Y con tantos mundos, ¿no hay locos que vengan buscando guerra?


-Sí, pero la Emperatriz mantiene el equilibrio. Hay trifulcas y altercados y, a veces, hasta alguna batalla pero solemos conservar un frágil tregua por el bien de la isla.


Había una pequeña tienda en el centro de la plaza con un letrero en lengua común que anunciaba como punto de información. Me aproximé y me presenté ante uno de los consejeros. Me explicó que debía unirme a alguno de los campamentos para poder permanecer allí.


Me tomó un poco por sorpresa, había escuchado de las distintas facciones pero no esperaba tener que elegir uno para visitar la isla. Le pregunté entre las distintas opciones y la que me resultó más atractiva, en parte por lo que había escuchado a Gato, fue el llamado Campamento Morado. La poca simpatía que parecía sentir la gente hacia su Lord me recordaba a mis tiempos de juventud entre humanos, y al menos conocía a uno de sus integrantes. Así pues, elegí pertenecer a dicho campamento.


Sólo había un problema. Su Señor, Lord Thanatos, aún no había llegado a la isla y sin su presencia, no se nos permitía acceder a él. Una barrera creada por el propio Lord impedía el paso. Así pues, ya que éramos los primeros en llegar, nos permitieron permanecer en un campamento neutral.


Nos instalamos apaciblemente. La isla, aunque con actividad, estaba calmada y la gente disfrutaba paseando sin preocupaciones. Un verdadero remanso de paz.


Al anochecer, cenamos algo por gentileza del consejo y de la Emperatriz y, al acabar, fuimos a la hoguera de nuestro campamento provisional. Allí, conocí algunas criaturas pero me llamaron la atención dos capitanes. No sabría decir si eran corsarios, piratas o qué pero eran sin duda hombres sabios y sensatos. No era su primera visita a la isla y compartieron sus conocimientos con nosotros. El Capitán Rogers fue el único en presentarse. Hablamos hasta apagarse la hoguera y después, fuimos a descansar, satisfechos de haber encontrado un lugar tan libre de prejuicios en un mundo tan violento. No tardaría en descubrir mi error.


A la mañana siguiente, la isla cobró nueva vida. Decenas de seres de todos los rincones imaginables acudían cruzando el lago, desde simples humanos a poderosos golems. Todos reunidos por aquella ventana entre mundos.


Aproveché para recoger mis cosas y me encaminé al campamento Morado en cuanto me informaron de la llegada de Lord Thanatos a la isla. Al llegar, vi los más dispares seres. Piratas, vampiros, brujas, guerreros y arpías. Los despojos de la sociedad reunidos bajo una misma bandera.


Todos distintos y todos aguardando a las puertas del campamento a que Lord Thanatos bajara la barrera protectora. Mientras esperábamos, comencé a charlar con algunos, entre ellos, El Gato. El ya había venido el año anterior y no le había ido muy bien. Lord Thanatos le había maldecido y los de su campamento, el Azul, le habían vendido como esclavo. Aquellas declaraciones me desconcertaron. No era lo que había imaginado pero pensé que debía tratarse de un error, un caso aislado.


Por fin llegó Lord Thanatos, que no hizo caso a nuestras miradas de desaprobación, y se encaminó a su casa privada. El resto se dirigió a las chozas comunes, donde se equiparon sus mejores armas. Les imité, esperando que no fuera necesario usarlas pero tampoco había sobrevivido tanto tiempo siendo ingenuo.


La plaza del mercado se llenó con rapidez y el oro, la plata y el cobre no tardaron en fluir. Observé que se comerciaba con muchas armas, aunque también descubrí algunos objetos mágicos. No había recibido lecciones de ningún hechicero pero era capaz de notar esas cosas, ayudado además por mis sentidos licánidos. Compré un medallón encantado que se camuflaba entre baratijas, sin duda podría obtener un buen precio de un entendido.  


Pagué el precio que pedía y dejé al resto de mortales comprando mundanas armas de fuego. Pero me llamó la atención un tipo fornido y alto, de pelo azul y aspecto peligroso. Compró una ballesta trampa, ideada para llevar oculta en el antebrazo. Me miró y aquel simple instante fue suficiente para comprendernos. Ese hombre también portaba una pesada carga. Pasado el instante, cada uno siguió su camino.


Me disponía a abandonar el mercado cuando comenzaron a sonar tambores; tambores de guerra. Los estandartes de los distintos campamentos se alzaron en torno al mercado y sus tropas se apresuraron a reunirse. La guardia se cuadró y se preparó para lo que pudiera desatarse.


Me detuve un instante a admirar los centenares de seres reunidos bajo los estandartes de los distintos campamentos. Allí, se conformaron las distintas facciones. El campamento Rojo, compuesto de beduinos, poderosos dragones o incluso algún licántropo samurái. El campamento Azul, una mezcla de corsarios, piratas, bucaneros y marineros de agua dulce. El campamento de Plata, compuesto por multitud de criaturas feéricas, élficas y naturales. El campamento Amarillo, nómadas, cazadores y bárbaros. El campamento Verde, regido por la ley marcial y casi compuesto únicamente por humanos que llegó en formación al toque de sus gaiteros. Y por último, el campamento Morado, el que me había acogido, desorganizado e independiente pero cuyos miembros eran cada uno por sí mismo un ser único y de enorme poder.


Cada campamento estaba regido por un Lord, paladines de la Emperatriz que luchaban por obtener su beneplácito. Aunque la Nada era el enemigo último, su amenaza no impedía constantes redecillas internas entre los Lores, llegando incluso a combatir entre ellos. El Gato me informaba de todo ello mientras esperábamos la llegada de la Emperatriz.


Aparte de todas esas luchas por honor y gloria había dos ejércitos independientes. La guardia imperial, guerreros bajo el mando de la emperatriz enviados a la isla para mantener la paz y el orden en su nombre, y los Caballeros de Caronte, heraldos de la mismísima muerte y guardianes del limbo que rara vez se mezclaban en asuntos de mortales.


La emperatriz llegó al mercado acompañada por una guardia de élite de nacar y plata. Engalanada con una cincelada y elegante máscara dorada y un vestido de las más excelsas telas jamás tejidas por ningún mortal, se acercó al interior del círculo formado por todos los presentes. Dió la bienvenida con una melodiosa voz, excusando la ausencia del Emperador y presentando a los Lores. Primero, líder del campamento Rojo, Lady Inane, con un vestido de sedas, velos y encajes de increíble complejidad. Aunque de pequeña estatura, el aire a su alrededor ondulaba distorsionado y pequeñas ascuas flotaban cada vez que exhalaba. La Emperatriz también anunció que, esa noche, el campamento Rojo sería el encargado de dar la fiesta de bienvenida, puesto que el año pasado había salido victorioso en la batalla.


Prosiguió su presentación con el líder del campamento Azul, Lord Flint, un pirata medio humano medio octópodo con una barba compuesta por tentáculos y un rostro lampiño y viscoso que le daba aspecto de calamar recién sacado del agua. Llevaba en su costado un largo sable que parecía brillar como si acabara de ser afilado.


Al frente del campamento Amarillo, Lord Kragul, un tipo de aspecto salvaje, bárbaro y que empuñaba una enorme espada dentada. La clase de tipo con el que no te gustaría entablar batalla. Lucía con orgullo su torso y barriga sin más protección que unas pieles por encima de los hombros.


En contrapartida y al frente del campamento Verde, otro guerrero fornido, Lord Asram, enfundado en una brillante armadura con sus galas verde y negras, perfectamente conjuntadas con las de sus tropas.

Por supuesto, no podía olvidarse de la majestuosa Lady Plata, que hizo una elegante filigrana con su barita y una leve inclinación de cabeza.


Y por último, el Lord de mi campamento, Thanatos. De ropajes oscuros, armadura negra y portando un poderoso cayado de calavera. La misma tierra parecía corromperse a su paso.


Una vez presentados, cada Lord se aproximo a su respectivo estandarte y partió a su campamento. Pensaba seguir a Lord Thanatos cuando el extraño cazador de cabellos azules me detuvo. Miraba un viejo broche de mi madre.


-¿Eres uno de los notables del imperio? -preguntó.


-¿Notable? ¿Lo dices por el collar de mi madre?


-Entonces tú también. Tenemos reunión -respondió dirigiéndose a una carpa.


Mientras le seguía, me contó que el título se transmitía de padre a hijos. Aquello acarreaba ciertas responsabilidades pero también diversos privilegios. Desde trato distinguido por parte de la guardia a la creación de leyes. La reunión comenzó sin demora y la primera cuestión fue el garantizar que éramos los elegidos para dirigir aquella isla. Más allá de lo que pudieran presidir los emperadores, nosotros éramos los encargados y los únicos con capacidad como para dirigir aquella isla y tomar las decisiones que debían tomarse. Llegaron los últimos rezagados, un tipo con un kimono rojo y la arpía de alas bicolor, Daena, que destacaron enseguida por su elocuencia.


Justo al comenzar la sesión, se interrumpió por los gritos de varios guardias dando el alta a un tipo que fue apresado a escasos metros de nuestra carpa. Se le acusaba de haber apuñalado a un guardia y también se pudo escuchar como le golpeaban, más por venganza que porque el hombre se resistiera. El resto de notables no hizo eco de la situación y, tras asegurarse de que no era una amenaza, la sesión prosiguió.


Debíamos elegir a dos notables entre nosotros para representarnos en el Senado. La elección no supuso un gran problema y tampoco me despertaba gran interés. De los que se postularon, la mitad no sabían ni que decir, parecía que les tomaba por sorpresa el asunto. De los que eran capaces de articular palabra, uno quería hablarnos de su religión más que de lo que ofrecía para el puesto y otro proponía entregar todos los privilegios que teníamos. Después de años vagando, todo aquello me suponía un asunto de escaso interés. No obstante, el contar con el visto bueno de la guardia y cierta protección podía resultar útil en un lugar desconocido. Por ello me mantuve en el lugar y voté por los dos que parecían más capaces, un tipo con kimono rojo y una arpía o criatura extraña de mi propio campamento llamada Daena. Una vez realizada la votación, me marché de allí. Estaba seguro de que seguiría contando con algunas ventajas respecto al resto.


-”El orgullo precede a la caída” -susurró Vladimir.


-A callar.


Mi objetivo primordial seguía siendo buscar la academia de magia. Aproveché que Daena también abandonaba la reunión para pedirle indicaciones y me dijo que ella era una de los nigromantes y que justo se dirigía allí así que la acompañé.


Me contó que llevaba tiempo visitado la isla y que era una de las más antiguas artistas de la nigromancia. También estuvo despotricando sobre las leyes que impedían alzar a los muertos bajo su servicio salvo que estos lo permitieran. Ese año, como senadora, pensaba abolir esa absurda ley.


En una ladera no muy lejana, rodeado de varias chozas, se alzaba una magnífica torre de piedra. Con una base cilíndrica, duplicaba su ancho el la última planta y acabando en una espiral de tejas azuladas. Daena atravesó las puertas sin problema pero al atravesarlas yo embestí contra un muro invisible. Ella se giró al escuchar el golpe.


-Ups, debí habértelo dicho. Sólo los magos reconocidos, o los invitados por uno de ellos, pueden penetrar en la torre -dijo disimulando una sonrisa divertida. Después, me hizo un gesto de bienvenida.


Con cautela me acerqué otra vez y tantee antes de intentar cruzar de nuevo. En esta ocasión, no encontré resistencia y puede cruzar. Me costó un instante acostumbrarme a la penumbra y luego quedé maravillado al contemplar todo lo que escondía su interior. Toda la torre era una biblioteca hasta donde alcanzaba la vista, sin duda una distorsión del espacio fruto de la magia ya que había estantería tras estantería, repleta de tomos de increíbles colores, formas y edades.


-”Un poco de fuego y adios torre de los magos…” -susurró Vladimir tras lo cual agité su cabeza para hacerlo callar.


En las estanterías también había trofeos, desde juegos a pociones o tesoros desconocidos. Daena subió con ayuda de sus alas a lo alto de la torre. A mí me tomó unos minutos. Llegué y mientras recuperaba el aliento, vi que había aún más maravillas. Todo ello iluminado por una enorme esfera de energía que brillaba en el centro.


Un par de ellos dejaron sus quehaceres y me miraron.


-¿Quién es? -preguntó una mujer bajita y de aspecto dulce con una máscara en la que letras y símbolos iban apareciendo y desvaneciéndose de forma constante, como si estuviese viva.


-Quiere presentarse para estudiar en la escuela -explicó Daena.


-Oh, ven por aquí querido -dijo tomando mi mano con dulzura.


Me guío a un rincón y me dió un largo pergamino.


-Aquí tienes. La hora límite son las 12 de la noche. Puedes usar la biblioteca de abajo.


Al desenrollarlo comprendí a qué se refería. Se leía el título “Examen Academia de Magia”. Mentiría si dijera que en un primer vistazo sabía la respuesta a la mayoría de cuestiones. Confiaba que en la susodicha biblioteca pudiera hallar respuestas. A lo largo de la tarde, otros se sumaron en sus propias búsquedas de conocimientos aunque unos pocos parecían obtener conocimientos de fuentes mágicas y externas. Me llevó horas y al final lo entregué poco convencido. No había encontrado solución a muchas cuestiones..


Regresé al campamento y me encontré a Lord Thanatos acosado por Lady Plata y Lord Asram. Exigían una solución para la Nada y que acabara sus experimentos. Lord Thanatos ordenó convocar a sus nigromantes quienes, como el resto de magos, vagaban por la isla a voluntad. Necesitaba que alguien fue a dar aviso. Se hizo un silencio incómodo y como nadie se ofrecía, lo hice yo. Varios los encontré en el camino y la última, Daena, en la torre de magia. La interrumpí en medio de unas nociones básicas de la escuela de la magia. Mientras ella volvía al campamento me quedé a escuchar por si aprendía algo.


Los principios básicos eran: nunca atacar a otro mago, los Lores garantizaban paso franco a los magos por los distintos campamentos y que entre ellos se compartía toda la información. Eran una hermandad por encima de las redecillas de los campamentos. Unos buenos principios.


Al acabar, me quedé observando las clases y a algunos de los magos avanzados. Una lanzaba hechizos sobre lo que parecía un huevo de Dragón, otros completaban sus cuadernos de magia y otra creaba pociones que rezumaban poder.


Así pasé el rato hasta que comenzó a caer la noche, momento en el que recordé que el Campamento Rojo daba la fiesta de bienvenida.


Cuando llegué, ya había una enorme hoguera y todos bailaban en torno a ella. Lady Inane hacía que las llamas cobraran vida a su alrededor y formaba criaturas con ellas para maravilla y entretenimiento de todos. Aunque eran hermosas figuras, mientras observaba no podía apartar la impresión de que aquello era realmente una exhibición de poder. Me senté a cierta distancia, incómodo al sentirme uno más por primera vez en  mucho tiempo. Prefería estar amparado por cierta oscuridad. Observé que otros también mantenían una respetuosa distancia pero sin mostrarse hostiles.


Todo marchó con alegría, con una variedad casi infinita de seres iluminados por las llamas, riendo y cantando, bebiendo y bailando, hasta la llegada de Lord Thanatos. Hubo un instante de silencio pero éste le cedió su báculo a uno de sus siervos, un vampiro llamado Drake y le extendió su mano a Lady Plata. Esta aceptó y se pusieron a bailar. El grupo comenzó a tocar de nuevo y todos reanudaron los bailes.


Drake se acercó a mí, algo sobrecogido por el báculo de Lord Thanatos.


-¿Puedo pedirte un favor? -preguntó con todo silencioso, casi avergonzado.


-”Seguro que viene a pedirte dinero” -susurró Vladimir.


-Tú dirás, compañero -respondí ignorando a mi tío.


-Necesito un préstamo. Se que nos conocemos poco pero es urgente. A cambio, pídeme lo que quieras.


-¿Lo que quiera? -dije maldiciendo en silencio a Vladimir por acertar.


-Sí, lo que quieras -dijo casi temeroso.


-Y qué tal un amigo. Esta isla es muy nueva para mí. Me gustaría saber que tengo alguien con quien contar en caso de necesidad.


-Ya lo tienes -dijo quitándose el guante y extendiendo su brazo.


Sellamos nuestra nueva amistad apretando nuestras manos.


-Me gustaría presentarme adecuadamente. Soy Ivory Drake -desenvainó su katana y me la acercó- y esta es Onimaru. Tócala.


La toqué y no noté nada. Estaba fría.


-¿No te quemas? -preguntó asombrado.


-No noto nada, está fresca, como cualquier espada.


-Que extraño. Es una espada encantada. Si no eres descendiente de dragones o demonios, te debería quemar.


-¿En serio? Qué extraño…


Lord Thanatos regresó en ese momento y reclamó su báculo.


-Ahora, vamos al bar. Bebamos hasta caer muertos -gritó.


Uno nutrido grupo le seguimos. Allí me encontré de nuevo con el capitán Rogers y Asura, una de los grandes magos. El posadero era un tipo alegre y con desparpajo que atendía a todos con una sonrisa y un acento de lo más curioso.


Extrañamente, aunque la taberna estaba atestada, la noche transcurrió casi sin incidentes. Lo único que Rogers borracho me pasó el lado sin filo de un cuchillo por el cuello y casi me da un paro cardiaco. Después me invitó a una ronda y reímos juntos. Hablé con gentes de todos los campamentos. Aquella noche, en la taberna no había banderas.


Conseguí arrastrarme hasta mi cabaña cuando el posadero nos echó. Por lo que recuerdo, fue un regreso sumamente tranquilo.


El día siguiente comenzó con un buen desayuno y una mala noticia. Como temía, no fui aceptado en la escuela de magia. Aprovechando que estaba en la torre, pregunté a uno de los maestros si podía ayudarle con algo. Se trataba del maestro Aurifaber y según parecía, ninguno de sus alumnos se había presentado.


Según me dijo, uno de ellos era una de las brujas del Morado y por la mañana había acudido a ver las notas pero después se había marchado y no había ido a la clase. De los otros solo sabía sus nombres. Me dirigí al campamento Amarillo que era el más próximo. Al entrar en sus límites, el campamento entero se alzó en armas contra mí. Ignoraba que mi aspecto fuese tan amenazador. Aun así, lejos de alterarme transmití con calma el mensaje. Quiso la providencia que una de las aprendices perteneciera a dicho campamento con lo que se tranquilizaron al comprobar que mi historia era veraz. Me despedí sin más dilación y marche hacia el mercado. El campamento Rojo estaba de paso pero nadie reconoció los nombres. Seguí mi camino hasta llegar a la arboleda de los comerciantes. Pregunté a gente de diversos campamentos pero nadie reconocía el nombre que me faltaba por identificar. Aquellas indagaciones me llevaron a entablar conversación con un fornido guerrero de blanco llamado Sorensen. Era el jefe de un grupo de mercenarios que operaba en la isla y me invitó a unirme a su grupo si quería ganar dinero. Me dijo que le buscase cerca de la taberna cuando acabase. Prometí hacerlo y proseguí con mis indagaciones pero no conseguí mucho más. Me disponía a regresar, cuando me llamó la atención un grupo numeroso que incluía compañeros de mi campamento. Se trataba de un juicio, regido por una de las damas de la orden de Caronte.


Según parece, mientras bebía la noche anterior en la taberna, un contingente del campamento Verde había asaltado el campamento Morado liquidando al Segundo y a dos miembro más. El asalto había sido sin mediar provocación, por la noche, contra hombres que no suponían amenaza alguna. En la acusación estaba Segundo, Gato y los asesinados, revividos tras el pago por su paso por el Limbo. Entre los acusados se encontraba un capitán del campamento Verde.


Los acusados no hicieron ningún intento de negar los cargos pero alegaban que obedecían las órdenes de su Lord. Segundo, por su parte, aseguraba haber hablado con Lord Asram y que este le había dicho que había ordenado un acercamiento pero que no se recurriera a la violencia sin ser necesario. En contestación a ello, el capitán imputado negó que esas fueran las órdenes de su señor. Lord Asram le había encomendado no dejar supervivientes.


Fuera como fuese, no negaron sus crímenes. Tras un rato en el que no se aportó mucha más información que algunas vagas excusas, la dama carontina estaba preparada para exigir tres vidas pero Segundo ofreció una alternativa. Al parecer, nuestro campamento y el Verde tenían un pacto en ciernes. Estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y sólo exigir la vida del capitán si los demás representantes del Verde aseguraban que iban a afianzar bien el pacto.


Cuando ví que el juicio estaba resuelto, me marché. Mientras atravesaba el camino de regreso a la torre de los magos para informar de que no había encontrado al último de los aprendices, noté unos pasos a mi espalda. Me percaté de que un hombre me seguía y me apresure a salir del camino y caminar por la hierba mientras torcía la cabeza para mirar de reojo. Si no era una amenaza, pasaría de largo. No fue así. Disminuyó su paso hasta detenerse.


-Perdona, ¿eres un nigromante?  -me preguntó el desconocido.


-No, me temo que no pasé el examen. He visto a varios hace un rato en dirección a la academia -respondí sin apartar un instante la mirada.


-Es que me han encargado buscarlos -dijo algo nervioso, mirando hacia todos lados. Me percaté de que estaba desenvainando con poco disimulo su espada.


Sin alterarme, clavé mi mirada en su espada y luego le miré a los ojos y con suma tranquilidad respondí- ya... -mientras posaba mi mano en el pomo de mi espada orca y apretaba el pomo de mi báculo.


Dudó un instante. Pude ver que sudaba y dirigía miradas nerviosas a ambos objetos pero luego sonrió, dejo que la espada se metiera en al vaina por su propio peso y se marchó. Permanecí parado unos instantes. Aunque no buscaba el conflicto, mi sangre lupina hervía por derramar sangre. Casi lamentaba que no se hubiera atrevido a atacarme. Suspiré y proseguí mi camino.


Informé al maestro mago, que me dió las gracias y me despidió sin mayor protocolo o recompensa. Me dirigí a la taberna y me topé con Sorensen y sus tropas. Se preparaban para realizar una emboscada en la taberna. Como era nuevo, me explicaron con calma cómo iban a proceder. Fingiendo que iban a beber algo, entraron Sorensen y un par de hombres. El resto nos dispersamos por el bosque que rodeaba la taberna. No tardé en escuchar unos gritos de dolor y un disparo. Un hombre malherido salió corriendo y al poco Sorensen rugiendo que no escapase. Varios hombres fueron tras él.


Sorensen dió el trabajo por acabado, al parecer, la reunión en la que iban a participar no iba a celebrarse. Al poco, salió uno de los notables. Por lo visto, el tipo que había huido le había apuñalado pero habían conseguido parar a tiempo la hemorragia e iba a llamar a la guardia. Como el trabajo estaba acabado, me metí en la taberna y me senté a beber un rato.


Mientras disfrutaba de un merecido descanso, llegó una enorme compañía de piratas acompañando un cofre. Parecía que lo transportaban y que el destino era la taberna. Me fijé en que mi buen amigo Roger estaba con ellos. No quise molestarle así que permanecí en silencio. El posadero intercambió unas palabras con ellos y cuando se marchaban, me vió y se sentó junto con uno de sus acompañantes. Estuvimos charlando un rato de aventuras y disfrutando de los intentos de robo al posadero que los despachaba a tiros con rapidez. Todo fue entretenido hasta que nos dijeron que había bandidos rodeando la posada. Seguimos charlando un rato esperando que se marcharan y cuando estimamos oportuno salir, así había sido. No tuvimos problema en regresar al mercado.


Sorensen me reclamó al llegar. Por lo visto, Lord Thanatos le había mandado llamar. También se nos unió Jutem, un tipo con algún tipo de deficiencia o problema mental, pero del que Sorensen afirmaba que podía fiarse en la lucha. No fue difícil de encontrar ya que Lord Thanatos estaba en el círculo de piedras. Dentro, un extraño ser del que emanaba un aura pestilente. Cuanto más te acercabas, más te costaba respirar, como si el aire se volviera más denso.


Sin perder de vista a la criatura, nos anunciamos a Lord Thanatos y le preguntamos sobre su petición pero este, sin dignarse a mirarnos, negó habernos llamado. Estaba muy ocupado estudiando aquel ser que se hacía llamar “Todo”. Thanatos realizó un conjuro para comprobar si era un siervo de la Nada. La criatura comenzó a gritar y retorcerse hasta caer al suelo sólo para levantarse y reírse después de unos instantes. Jugaba con Thanatos, aunque aquel experimento confirmó su sospecha de que no pertenecía a la Nada. No por completo, al menos.


Lord Thanatos se marchó, dejándonos a solas con Todo. En cuanto le vimos sonreír y relamerse nos apresuramos a alejarnos de allí. El campamento Verde estaba próximo y Sorensen tenía una deuda de honor con ellos, así que nos aproximamos a prestar nuestros servicios como mercenarios. Se estaban preparando para la batalla, así que Sorensen les ofreció ayuda pero se trataba de una batalla por honor. Diez guerreros del campamento Verde contra diez del Amarillo. Aunque era una pelea honorable, el capitán nos solicitó permanecer en la proximidad, por si el otro campamento no cumplía con el acuerdo y necesitaban refuerzos. La espera fue amenizada por los gaiteros del campamento. Nos sentamos en el linde del bosque, con la vaga esperanza de que pudieran necesitar nuestra ayuda pero cuando llegó el contingente Amarillo, sólo diez guerreros avanzaron al frente. Los Lores de ambos campamentos se sumaron a las filas de sus hombres. La batalla fue intensa pero breve. En poco más de un minuto, todos los guerreros verdes yacían en el suelo sangrando o muertos y sólo la mitad de Amarillos había sufrido heridas de importancia.


Nos acercamos a ayudar a los múltiples caídos pero Sorensen nos detuvo con un grito. Todo se había liberado. Cada hombre y mujer presente se alzaron en armas y se prepararon para su llegada. Nos apresuramos a sacar del frente a los que no se podían mover por la batalla y los Lores, incluso aún sangrando por la reciente batalla, se pusieron al frente.


Todo se acercaba despacio, seguro y burlón. Los Lores ordenaron a todos quedarse atrás y se lanzaron sobre él. Todo tenía unas garras duras como el hueso de un dragón, deteniendo incluso el acero de los Lores. De un revés mando al gran Lord Kragul a volar, quedando sólo Lord Asram contra él.


La batalla era feroz. Las chispas saltaban con cada golpe pero el único que parecía recibir heridas era Lord Asram. Aunque era golpeado, Todo no tardaba en cerrar sus heridas más que un instante. En cambio, Lord Asram tenía cada vez más heridas y abolladuras en su armadura. Cuando estaba al límite de desfallecer, Lord Kragul embistió a Todo desde un flanco, alejándolo varios metros. Pero lejos de parecer herido, Todo se lo tomo como un chiste y comenzó a reír.


-Sí, así. Os dejaré vivir un poco más. Por cada batalla, herida o golpe que realizáis los Lores me vuelvo más fuerte.


El sin dejar de mirarnos, regresó al círculo de piedra y se sentó con una sonrisa maliciosa.


Nos retiramos de vuelta al mercado, no sin antes asegurarnos de que los heridos eran bien atendidos. Allí me encontré con una peculiar sorpresa. Por lo visto, el cazador había visto gracioso apuntarme a una cita con una criatura del bosque. La joven, aunque bien proporcionada, tenía unos ojos inquietantes que irradiaban peligro y vestía con prendas sedosas. Aun así, accedí a dar una vuelta con ella. Como estaba silenciosa, le conté parte de mi vida y de mis orígenes. Le gustó saber que no era humano. Tenía un odio desmedido hacia ellos. Según me contó, sus padres la habían repudiado, la vendieron como esclava y durante años fue pasando entre las manos de lo peor de la nobleza de la raza de los hombres. Su odio la hizo insensible y su despreció la hizo ganar más de un castigo pero aquello sólo incrementaba su ferocidad. Al alcanzar la mayoría de edad, su cuerpo manifestó "El Don" y con sus nuevos poderes, reclamó una venganza tal que no quedó recuerdo de ello. Fue acogida por Lady Plata aunque ni siquiera ella podía detenerla cuando se despertaba su sed de sangre...


Me confesó que al apuntarse a aquella ridícula cita esperaba que se presentase algún humano, débil y ansioso de los lujuriosos placeres de la carne que suelen enturbiar sus mentes pero que se encontraba gratamente sorprendida por mí, aunque tenía hambre. Intentando evitar el tema de la comida por temor a ser invitado a un frenesí de sangre, le conté que, ya que era híbrido, tenía control de mi lado licántropo pero que aún así, las lunas llenas el ansia se volvía insaciable. Siempre intentaba buscar la guarida de algún hombre que mereciera lo que iba a suceder, pero no siempre lo conseguía.


En nuestro vagar, llegamos a su campamento y la mismísima Lady se apareció ante nosotros. Mi acompañante le transfirió su complacencia al haber encontrado un espíritu afín mientras que Lady Plata contaba que otros habían tenido encuentros mucho menos fructíferos y habían acabado al poco de empezar.


Tras aquello, nos dirigimos al gran salón a cenar. Cada uno se sentó con su campamento y degustamos los manjares ofrecidos por la Emperatriz a los campeones. Regresé a mi campamento pero al encontrarlo vacío volví a buscar a mi compañera.


-”Tu lo que quieres es trucu trucu” -susurró socarrón Vladimir.


Lo guardé en un bolsillo y seguí caminando.


El campamento Plata era un hormiguero en pie de guerra. Todos los soldados listos para la batalla. El enemigo, el mundo. Lady Plata, que a lo largo del día había tenido un humor cada vez más y más beligerante, había descubierto que, al parecer, Lord Thanatos la había hechizado, provocando que entrara en un estado alterado que sólo la afectaba en invierno.


Todo el campamento se reunió en el círculo de las hadas. Un enorme anillo místico de poder que cada año las criaturas del campamento Plata reforzaban. Sus límites brillaban con incontables runas de poder y el lugar les servía para realizar sus rituales, reuniones y otorgaba cierta seguridad ya que los que penetrasen en él sin el beneplácito de la Lady sufrían un hechizo que les obligaba a bailar. Parecía ridículo, pero era suficiente como para desarmar e impedir que el caballero más capaz combata.


En mi caso, mi propia magia y la invitación de mi compañera me permitió penetrar en el círculo sin sufrir sus efectos. Me acerqué a escuchar a Lady Plata camuflado por la multitud. Su agudo grito de guerra resonaba en la noche. Sus decenas de doncellas guerreras la imitaban. Todos en el campamento, que hasta hace poco parecían poco más que amigos de los árboles, rugían y, los que podían, aleteaban sus alas mientras sus ojos brillaban como lunas, fríos y solitarios espejos desalmados.


Drake, un siendo poderoso vampiro, entró para entregar un mensaje a la Lady y al instante, comenzó a bailar sin poder contenerse mientras era observado con apetito. Todas las criaturas habían dejado de ser sus amigas y ahora eran bestias furiosas. Pero Drake no era sólo poderoso, también era apreciado e incluso en su furia, Lady Plata le permitió escapar sin castigo.


Tras verle escapar por los árboles en dirección al campamento Morado, salió del círculo y su horda de hadas y demás criaturas la siguió sedienta de sangre. Mi acompañante no era la excepción, me acerqué pero me lanzó una mirada asesina que me hizo optar por mantener la distancia. Escuché gritos en la distancia; algún desafortunado se había topado con la jauría de hadas y ahora era devorado y descuartizado. Otros sin embargo, quedaban deslumbrados por Lady Plata, su aura confundía a los débiles y lujuriosos. El primero que la seguía era el buen cazador, por supuesto. Pero una chamán del campamento Amarillo se acercó a él y le propinó una colleja que casi le parte el cuello. Aquello pareció despertarle ya que miró hacia los lados, confuso. Me acerqué a ofrecerle mi mano y la chamán me soltó un bofetón que me hizo caer fuera del camino.


-¡Ya estás libre del hechizo! -dijo mientras se acercaba a ayudarme.


-”Y por poco de la vida ¡Menuda moza!” -se carcajeó Vladimir.


Sin escuchar a mi tío, apoyé las manos y me medio incorporé.


-¿Hechizo? ¡¿Qué hechizo?! Si yo estaba siguiendo la horda por mi cuenta -respondí mientras trataba de incorporarme con un zumbido en la cabeza.


-Upps -dijo sonriendo y encogiéndose de hombros.


-¿Cómo estás? -preguntó el cazador.


-Luego te cuento. Tenemos que advertir a los campamentos de esta amenaza.


-¡No! Tenemos una misión más importante. Debemos llevar estos objetos mágicos a Lord Thanatos. Todo se ha liberado y está provocando un caos aún mayor y la Nada podría atacar en cualquier momento aprovechando esta locura.


-Muy bien, avisaremos al campamento Morado el primero y le llevaremos los objetos. Vamos por el mercado, está iluminado y los caballeros de Caronte lo guardan -respondí señalando a las luces.


Corrimos vigilando nuestras espaldas pero al llegar, escuchamos gritos de auxilio que no pudimos ignorar. La chamán se quedó custodiando los artefactos mientras que el cazador y yo nos aproximamos a los gritos.


Si las pesadillas cobrarán forma, aquella habría salido de una mente muy retorcida. Un formidable Caballero negro luchaba contra una veintena de soldados del Campamento Verde. Su cabeza, un cráneo en hueso vivo, sangrante, jugoso y cubierto de venas que chorreaba pus. Sus ojos, exudaban una furia infinita, primigenia y abrasadora. Era un ser que sólo vivía para la destrucción.


Saltamos sobre él pero su armadura era inquebrantable. El único efecto que parecían tener los golpes era que sus ojos brillaban más. El cazador golpeó en un punto débil de la armadura pero sólo sirvió para que la criatura se centrará en él. El cazador saltaba y rodaba esquivando por su vida y más de una vez  las afiladas e incandescentes hojas le rozaron. Entonces, quedó enganchado con una rama y la criatura la criatura esbozó una mueca con el poco cartílago y músculo que envolvía su cráneo, un intento de sonreír.


El cazador se preparó para recibir el golpe fatal pero una espada cromada que me deslumbró con la luz de la luna detuvo el golpe del ser. Era el comandante del campamento Verde, sólo superado en rango por su Lord, quien detenía el golpe mortal de la criatura. Esta retrocedió un instante, aturdida al ver un posible desafío.


Nos disponíamos a ayudar pero el comandante exigió un combate singular. Su honor no le permitía aceptar ayuda. Mientras dudabamos como proceder, la chamana nos gritó que debíamos apresurarnos, Lord Thanatos necesitaba las reliquias. Viendo que el comandante aún contaba con una decena de sus hombres, decidimos dejar la criatura en sus manos. “Todo” era más urgente, amenazaba al mismo equilibrio de los mundos que conectaban con Versum.


Atravesamos el bosque y llegamos a la pradera del círculo de piedra. “Todo” se había marchado. Unos de los menhires estaba arrancado de su sitio, como si lo hubiera derribado una fuerza sobrehumana. Corrimos temiendo llegar tarde al campamento Morado y nos sorprendimos al cruzarnos con Lord Thanatos. Intentamos hablar con él pero iba a nuestro campamento sin detenerse. Casi habíamos llegado cuando Lord Asram se cruzó con nosotros. Iba con la espada en ristre pero al ver quienes éramos se detuvo.


-Lord Thanatos, los demás Lores te esperan en tu campamento. Lady Plata exige tu cabeza y cuenta con el apoyo de los otros -explicó Lord Asram con calma mientras enfundaba su arma.


-Je, je, je… ya -rió Lord Thanatos. Si no fuera porque le conocía poco, habría jurado que tenía miedo. Se tomó un instante para pensar-. Invoco a nuestra alianza, Lord Asram.


-¿De qué alianza me hablas? -respondió con gesto ceñudo.


-De la pactada esta misma mañana por mi Segundo y hablado con sus emisarios.


-No tengo constancia de ningún pacto entre nosotros -replicó Lord Asram con calma pero haciendo amago de marcharse.


-Es cierto -añadí para tratar de ayudar a Lord Thanatos-, en el juicio de esta mañana, Segundo accedió a una condena más suave al campamento Verde a cambio de afianzar nuestra alianza. La carontina que realizó el juicio lo puede corroborar.


-Tráela aquí o a alguno de los presentes entonces -respondió Lord Asram casi desafiante. Como si no hubiera nada mejor que ponerme a buscar gente con el caos reinante.


Empecé a comprender porqué sentían animadversión por el campamento Verde los del Morado.  Se llenaban la boca con la palabra honor pero carecían de este. Al ver que no había manera de convencerlo, Lord Thanatos y yo proseguimos seguidos de cerca por el cazador y la chamana. En la escalinata a nuestro campamento nos recibió Segundo.


-Lord Thanatos, el campamento ha sido invadido -anunció solemne.


-¿Y nuestros hombres? -preguntó Lord Thanatos.


-Dispersos por el bosque. Están las tropas de casi cuatro campamentos al completo con sus Lores. Cuando llegaron, nos apresuramos a evitar el combate.


-¡Reúnelos! -ordenó Lord Thanatos.


-¡En seguida! -dijo escabulléndose por las sombras.


-¡Y tú! -dijo mirándome con fiereza- ¡conmigo!


Le seguí al interior del campamento, un campamento hostil y furioso. Se escuchaban gritos de batalla y rugidos de guerra y entre todos, Lady Plata exigiendo la presencia de Lord Thanatos.


Las tropas de los cuatro campamentos estaban formando una multitud enfocada en los Lores que se hallaban en el centro. Todos miraban a Lady Plata moverse con ansiedad, como un lobo enjaulado deseando lanzarse sobre su presa.


Poco a poco, se fue abriendo un paso para dejar a Lord Thanatos y a mí acercarnos y se hizo el silencio. Decenas de miradas cargadas con odio y desprecio nos miraban pasar.


Cuando llegamos al ojo del huracán, me quedé en el linde de las tropas, junto a un árbol mientras Lord Thanatos entraba y se encaraba con los Lores. Lord Kragul observaba ceñudo con los brazos cruzados sobre su poderoso tórax descubierto al igual  que su prominente barriga como corresponde al avatar espíritual del Gran Jabalí. Siempre resultaba una estampa imponente, mucho más que el soldado más enlatado en armadura que pudieras contemplar.


Lady Roja permanecía algo apartada al igual que Lord Flint. La atención la recibía Lady Plata, quien esperaba a Lord Thanatos en el mismo centro del tumulto, con el mentón alzado y un fulgor níveo en la mirada, hermoso pero frío, gélido… mortal.


-Por fin, Lord Thanatos. Os estábamos esperando -dijo con una voz afilada.


-Puede aquí estoy. ¿Qué ocurre? -contestó con su habitual sonrisa, como si no supiese de que le estaban hablando.


-Dejaos de juegos, sé que fuisteis vos el que me alteró la sangre. Habéis sacado mi estado de invierno. No me avergüenzo de lo que soy pero nunca sin mi permiso.


-Sólo era un experimento...


-Debería ordenar que te liquiden, a ti y a tu campamento de malnacidos, pero te necesitamos para detener a Todo -dijo asqueada de tener que reconoce aquello.


-No sólo a Todo. También a la Nada y a los Excruciams. En el fondo, siempre hemos sido la mayor y única arma de los Emperadores contra la Nada -respondió Lord Thanatos con una sonrisa-. Y a veces ni así podemos vencer y por ello nos vemos obligados a realizar sacrificios. Todos -dijo lanzando una mirada significativa a Lady Plata que se revolvió incómoda. Pasados unos segundos de incómodo silencio, miró a su alrededor y abrió los ojos.


-¿Qué quieres decir? -dijo con un acento que  me era conocido. Era el acento del miedo.


-Necesitaba un corazón puro para el ritual que voy a realizar.


-Un corazón puro... ¿Dónde está Duncan? ¿ Dónde está Sir Duncan de Blackwood ? ¿Dónde está mi campeón? … ¿Qué le has hecho? -extendió sus manos hacia Lord Thanatos, directo hacia sus ojos mientras comenzaba a irradiar un aura láctea a su alrededor.


De un rápido movimiento sacó su plateada espada y lanzó un tajo imposible de ver al cuello de Lord Thanatos, pero no alcanzó su destino. Su hoja chocó contra una espada de enorme poder, derramando una ola de chispas y pequeñas olas de energía. Se trataba del sable de Lord Flint.


-A todos nos encantaría ver a Thanatos ensartado -dijo con cierto humor, que no supe distinguir si era por su carácter burlón o para calmar la situación-, pero le necesitamos


-¡Le ha arrancado el corazón a Duncan! Le mataré -dijo lanzando otro golpe directo al pecho de Lord Thanatos. Una vez más, Lord Flint lo desvió.


-Ya ajustaremos cuentas con él. Primero, piensa en los tuyos. No podemos parar a Todo sin su ayuda -replicó con un brillo extraño en los ojos.


Lady Plata se detuvo un instante. Si brillo se incrementó y por un instante casi pareció que Lord Flint iba a ser fulminado pero se detuvo, y como había venido se fue y se apagó mientras envainaba la espada.


-Me debes una, Lord Thanatos, cuando todo esto acabe, volveremos a hablar -dijo dándole la espalda.


-Pero si ya te saqué a bailar -dijo burlón.


Esta vez fue Lord Kragul quien agarró a Lady Plata antes de que se diera la vuelta. Durante unos segundos, se pudieron distinguir sus venas, palpitando con sangre celeste pero al final se calmó. Los Lores y sus tropas se dispersaron.


Todo el campamento Morado se reunió en la sala de guerra. Lord Thanatos explicó que debíamos realizar un ritual junto a la hoguera. Habíamos obtenido muchos objetos arcanos, era la hora de utilizarlos.


Nos reunimos y Lord Thanatos la encendió con tan solo extender su mano. Tras aquello, colocamos todos los artefactos alrededor del fuego. Thanatos comenzó a entonar un cántico que tornó la llama en una fuente de dorada incandescencia que se alzaba hacia el cielo. Uno a uno, cada miembro del campamento derramó una gota de sangre en aquella llama. Cuando el último hubo depositado la gota final, la pira se volvió violeta.


El Segundo comenzó a repetir el cántico de Lord Thanatos y los demás le imitamos. Mientras repetía palabras que no comprendía, observé que en la llama se dibujaba una forma humana. Se revolvía, luchaba. Poco a poco era atraída hacia el interior de la llama. Se escuchaba un lamento silencioso en su mirada, un grito de auxilio y de desesperación apenas visible en sus facciones.


Desapareció en el interior y la luz se disipó. Hubo unos instantes de paz y luego, un alarido que agitó la isla.


-Ya está, ahora, la criatura es vulnerable -explicó Lord Thanatos-. Vamos al círculo de piedra a acabar con esto.


El campamento entero se puso en marcha como uno solo. Por primera vez desde que estaba en la isla, el ejército de las tinieblas avanzaba unido. Pero nadie aclamó nuestra llegada, los soldados del campamento Verde nos cerraron el paso y sólo nos permitieron entrar a unos pocos elegidos. La criatura, Todo, yacía despedazada. Los otros lores parecían satisfechos y se alzaron murmullos de desaprobación al ver llegar a Lord Thanatos. Escuché como algunos preguntaban donde estaba el campamento Morado durante el combate, otros nos acusaban de estar aliados con Todo, de haber provocado muertes por crear esa criatura y un sin fin de increpaciones más.


Nadie se molestó en escucharnos. Lord Thanatos fue expulsado y regresamos al campamento con abucheos por nuestra partida.


Tras aquello, Lord Thanatos decidió desvanecerse y la mayoría nos quedamos en el campamento con un sabor agridulce en la boca. Siempre seríamos los malvados de la historia.


La moral estaba baja y entonces, tres brujas hicieron su ansiado movimiento. Si no nos querían, nos temerían. Era el momento de invocar a su criatura, un ser de enorme poder que haría que nos respetasen y temiesen como debía ser.


Unos pocos se opusieron pero la mayoría se sentían defraudados y furiosos. Aunque les comprendía, no compartía su ánimo por invocar demonios o seres que podrían descontrolarse y causar matanzas indiscriminadas. En el pasado ya me había topado con seres así y nunca había acabado bien. No iba a ayudar pero tampoco a interponerme, al fin y al cabo era mi campamento. Así que fui a la entrada y vigile la noche, evitando que vinieran curiosos.


Al rato escuché cánticos y sentí que los vientos de magia se tornaban oscuros, sucios y corruptos. Primero un escalofrío y luego, susurros en las sombras. No tardaron en llegar los primeros soldados.


-Vamos a por el Campamento Plateado -dijo un hombre que no pude distinguir en la oscuridad. Parecía presa de un raro frenesí. El resto le seguían en fila india. No vi a la criatura pero escuché un aullido que me helo la sangre. Reconocía trazas del lenguaje pero estaba deformado, ese aullido no provenía de una garganta nacida para hacerlo.Traté de detener a mis compañeros, aquella criatura nos iba a condenar, pero cuando me di cuenta, las tres brujas me rodeaban y posaron sus manos sobre mí. Sentí a la criatura y su ansia de sangre me contagió. Me uní al resto de mis compañeros.


Criaturas nocturnas nos cortaban el paso pero no pudieron resistir el embate del furioso ejército. Rompimos lo irrompible. En el campamento de Plata sólo quedaban algunos miembros, el resto habían salido de caza. Sin embargo, sí que había un contingente de tropas del Campamento Amarillo y algunos del Verde.


Las brujas comenzaron a gritar el nombre de la criatura: Artimaña. Durante unos instantes, no pasó nada, luego, los árboles comenzaron a doblarse, crujir y caer. Una forma surgió del bosque, indistinguible salvo por sus ojos, topacios friosos que hacían temblar a quien osase posar su mirada en ellos.


Las tropas formaron líneas de batalla. El campamento Morado formó alrededor de la criatura, las hadas se refugiaron en su círculo y los siervos del jabalí tras él. Los primeros golpes segaron sólo el aire, luego, comenzaron a golpear escudos y armaduras y finalmente, carne. La pelea comenzó a encarnizarse, la magia relampagueaba y los bandos se mezclaban y dudaban quien era su enemigo en la oscuridad de la noche. Artimaña era el único que golpeaba por doquier, desenfrenado y loco como había temido pero al igual que todos, me encontraba atrapado por su embrujo.


Me despojé de mi bastón y empuñé mis espadas pero antes de dar el primer golpe, uno de los archimagos se transportó entre todos y lanzó una ola de luz cegadora seguida del aullido agónico de Artimaña. La criatura había sido exiliada a la fuerza.


-Esta locura acaba aquí -bramó el archimago. Luego, silencio y murmullos.


La gente comenzó a mirarse las manos, confusos y perdidos. Decidí que bastante había tenido para una noche y me dispuse a retirarme. Segundo me acompañó. Hablamos de lo que sucedería al día siguiente. Lord Thanatos decidiría el castigo para las brujas por sus juegos. El resto de combatientes decidió proseguir la noche en la taberna. La batalla ahora parecía olvidada como parte de un sueño.


Amanecimos con el brillo del nuevo día. El campamento parecía intacto tras la invocación de anoche  no parecía haber muchas bajas.


Me senté en el centro del campamento con algunos otros recién levantados. Varios tenían aspecto de llevar tremenda resaca, otros sin embargo se curaban heridas recientes.


-¿Qué tal la noche? -le pregunté a uno que miraba al infinito.


-¿La noche? Una locura, cuando Lord Thanatos se marchó las brujas...


-Sí, pero después de que el archimago desterrara a Artimaña, ¿qué pasó entonces? -le interrumpí para ahorrarme las partes que conocía.


-Pues... después... lo normal. Asaltantes de caminos asesinando y robando, borrachos llenando la taberna. Bueno, hablando de borrachos, unos magos que no fueron aceptados en la academia fueron a quejarse e insultar y una de los archimagos los mandó al medio del lago. Uno de los caballeros de la orden de Caronte mató a su compañero y robó la llave del purgatorio. Lo normal.


-Claro.... lo normal.... -respondí sin poder evitar alzar una ceja.


-Voy a buscar un maestro, hay un entrenamiento que me gustaría aprender antes de marcharme. Pasará un año antes de que vuelvan a abrirse los portales a la isla y no hay mejores maestros que los aquí reunidos.


-Recuerda que al medio día la Emperatriz visitará el Mercado y premiará al Lord con más blasones -me gritó mientras me marchaba.


-Sí, sí...


Partí con la intención de encontrar a un maestro cuanto antes. De camino, vi rastros de sangre, restos de criaturas y soldados a los lados del camino. Sin duda, había sido una noche intensa.


En el mercado me encontré con quien buscaba, un maestro. El problema es que no era el único, uno de mis compañeros del campamento Morado también requería de sus enseñanzas. Sin embargo, el maestro no vio dificultad en enseñar a ambos y decidimos ir a practicar.


Nos pusimos en una pradera alejada de todos desde la que se divisaba el campamento Morado. Casi ni me sorprendí al ver el Campamento Verde al completo asaltando una vez más nuestro campamento. Pero no tenía tiempo de ir a entablar luchas absurdas. Lord Thanatos ya salía a recibirles. Practicamos varias horas cierta técnica oculta de la que no hablaré por respeto a mi maestro y al finalizar su magnífica clase, mi compañero compartió con el maestro sus conocimientos en otro arte oculto. En este segundo caso, yo me limité a observar.


Al acercarse el mediodía, nos pusimos en marcha al mercado. Allí pagamos las tasas de aprendizaje a la academia imperial y nos separamos tras estrechar las manos.


No me alejé mucho del mercado ya que era el lugar acordado para la reunión y comenzaban a llegar de todos los rincones de la isla. Cada campamento bajo su estandarte y, al poco, la emperatriz nos regaló su presencia.


Se contaron los blasones, se hicieron gestos de honor y se elevaron vítores, y, por muy poco, Lord Flint y el campamento Azul resultaron victoriosos.


No hubo tiempo de celebrarlo. Antes del primer vítor, sentí cómo mis miembros se agarrotaban, cómo me quedaba inmóvil y cómo mi cuerpo se volvía frío. Apenas podía siquiera mover los ojos. Todos los que alcanzaba a ver parecían sufrir el mismo destino. No tardó en hacerse el silencio.


-Habéis luchado con valentía contra la Nada -susurró una voz quebrando la obligada calma.


El medio millar de seres trató de discernir quién podía hablar y moverse. Una bruma comenzó a ocultar la luz del sol, rodeando a todos los presentes, aisladoles del mundo. Cuando casi no quedaba luz, una forma humana surgió de la bruma, enorme y a la vez escuálida, flotando sobre el lecho de hojas, sin provocar el menor atisbo de ruido, nada.  Con cada gesto, sus miembros se volvían bruma y sólo al detenerse se le podía distinguir.


-La Nada ha ganado. Habéis estado tan distraídos con vuestro pequeño juguete que habéis olvidado el verdadero peligro. Durante 12 lunas no podréis moveros, no creeréis historias. Si no hay historias, hay silencio, si hay silencio, la Nada avanza. Sólo estaréis aquí, inmóviles, sabiendo que la Nada avanza inexorable hacia la victoria. Os dejo con vuestros pensamientos...


El ser se esfumó y su risa quedó en el aire como un eco de ultratumba. La bruma se volvió aún más densa y poco a poco, la luz se volvió un recuerdo. Había llegado la hora. La isla quedaría separada de todos los mundos y nosotros, atrapados en ella. Sin poder hacer más que maldecir en silencio...
-”Bienvenido al club, ahora podremos charlar” -susurró mi tío jocoso.


-”No te aguanto…” -pensé antes de perderme en el tiempo.





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